Asunción, sus bañados y la ley de la entropía (I)

La ley de la entropía, que pertenece a la Física, dice que el desorden aleatorio de las partículas subatómicas tiende al caos, lo que conlleva a la desaparición de las mismas en un gran agujero negro"

VÍCTOR RAÚL BENÍTEZ GONZÁLEZ
@victoraulb
PDTE. DEL CLUB DE IDEAS

Tengo una idea. Ahora ya es un hecho consumado. La ciudad de Asunción, sus costas y bañados y su área metropolitana (AMA) están, definitivamente, colapsadas. Cual­quier pedazo de ciudad que entra en co­lapso, es un proceso de efecto recíproco y circular, donde cooperan el gobierno municipal, el gobierno central y los ciuda­danos. Es por eso que decimos: ¨el caos es gratis, y el orden es oneroso¨.

La Ley de la Entropía
La ¨gestión de los gobiernos¨ existe (y debe existir) porque nada queda orga­nizado espontáneamente. Lo natural, lo que acontece sin intervención alguna, es el desorden. La ley de la entropía, que pertenece a la Física, dice que el desorden aleatorio de las partículas subatómicas tiende al caos, lo que conlleva a la desapa­rición de las mismas en un gran agujero negro. En el mediano o largo plazo, lo que va a restar del universo, dice la física cuán­tica, es el desorden absoluto. Todo lo que existe de forma organizada, es mantenido dentro de un orden, por medio de flujos de energía. Esto es así en el mundo de la fí­sica y en la constitución de las sociedades humanas. El desorden orgánico lleva a la muerte: biológica o social. Toda ciudad es la conjunción orgánica de la Urbis, la Civis y la Polis. La Urbis es el espacio físico, la Civis es la gente y la Polis es el gobierno (los gobiernos, nacional, departamental y municipal). En la perspectiva de la física cuántica, las partículas subatómicas, tien­den al caos aleatorio, como una tendencia natural. Y solo responden a la mente del regidor, del científico/experimentador/ observador, que las organiza.

¨Asunción expulsa clase media e importa gente empobrecida¨

Asunción es una ciudad de 500 mil habi­tantes que no crece desde hace 30 años. Para mantenerse invariable en su cantidad de ¨habitantes permanentes¨, exporta cla­se media e importa población empobreci­da en situación de vulnerabilidad desde el campo a la ciudad. Este último fenómeno, el de las inundaciones, o mejor dicho, el de la invasión del cauce del rio por parte de ciudadanos empobrecidos, tiene como causa-raíz, el modelo productivo paragua­yo, basado en la agricultura de granos para exportación – que expulsa mano de obra del campo a la ciudad – y en la expansión de la ganadería que ocupa poca mano de obra. Sin hacer juicio de valor, si el modelo es bueno o malo, es la realidad. Y es la so­ciedad política representada en el Estado, la que debe intervenir para compensar a la capital del país, Asunción, como receptora de estas anomalías. Para peor, la población de Asunción es un colectivo que envejece.

Los Bañados de Asunción son el Show Room del Paraguay
Asunción caótica es el rostro de una má­quina que produce pobreza: la matriz productiva paraguaya – que incrementa el producto interno bruto (PIB) con efec­tos colaterales. El Paraguay ha venido creciendo a tasas del cuatro al cinco por ciento, lo que sin embargo refleja en los bañados de Asunción que ese crecimien­to no genera desarrollo ni disminuye la pobreza. Los bañados del río Paraguay, en la capital, albergan a por lo menos 25 mil familias, por lo menos cien mil compa­triotas, que constituyen los nuevos asun­ceños de Caaguazú, asunceños de Itakyty, asunceños del Caazapá, del Canindeyú y del Alto Paraná. Etcétera.

Las inundaciones no pueden ser ¨emergencias¨
Es decir, los bañados de Asunción, alber­gan artificialmente a pobladores expul­sados de sus tierras originarias, los cuales han sido obligados a vivir sobre el cauce de inundación natural y temporaria del Rio Paraguay. No es el río el que inunda las casas de la gente. Es la gente la que invade el cauce natural del río. Los gobiernos de Nicanor Duarte Frutos, de Fernando Lugo y de Federico Franco sacaron a casi un millón de paraguayos de la pobreza. El go­bierno de Horacio Cartes, según la DGEEC, metió a 143 mil paraguayos en la pobreza.

Según las estadísticas del comporta­miento del río Paraguay desde 1905, las cotas que van midiendo el cre­cimiento natural del río, tiene una previsibilidad temporaria discipli­nada, con asombrosa regularidad en cuanto a la frecuencia de crecidas. En consecuencia, las crecidas del río que tenían a los bañados (caóticamente ocupados por gente en situación de pobreza, sin trabajo, sin educación y sin vivienda, que viene a ganarse la vida en Asunción) como piletas tem­porarias para encausar a las aguas, no es un fenómeno atípico que pudiera considerarse como desastre natural, o riesgo permanente de emergencia nacional. Solo la imprevisión puede crear emergencia, en una situación que es repetitiva.

Si existiera una estrategia preestablecida de manejo de inundaciones, con protoco­los de construcción previa de albergues temporarios, o lugares de acomodación temporaria perfectamente censados y cuyo lay-out esté anticipadamente cuadri­culado por un equipo de profesionales, las mudanzas en las crecientes serían progra­madas con anticipación, y la vuelta a los hogares sería organizada. Todo esto, du­rante los próximos 5 a 7 años (estimados) hasta tanto se construyan las 20 a 25 mil soluciones definitivas, las viviendas so­ciales en tierras ganadas al cauce natural por medio de refulados hidráulicos, con fabricación de ciudad que debe incluir: cloacas, plantas de tratamiento, agua po­table, energía, pavimento, desagüe plu­vial, iluminación, parques y plazas.

No habría situación de emergencia con cada crecida del río. La SEN, el MUVH, la Municipalidad de Asunción, las Naciones Unidas (PNUD), incluso las FF.AA. de la Nación por intermedio del Ministerio de Defensa (la defensa civil es parte de la defensa nacional), deberían censar uno a uno los espacios disponibles para lugares de acomodación temporaria (en tiempo de no inundación, con paz social), y fir­mar convenios con los clubes deportivos, encargados de cuarteles, iglesias, etc. Y se debería establecer el plano exacto de cada futuro campamento de albergue para cuando haya crecida del río. SE debería saber exactamente la capacidad poten­cial de población que puede ser instalada en cada uno de los lugares temporarios y el total de población admisible en todos ellos. Sin hacinamiento. Además, se de­ben establecer los protocolos de normas de comportamiento de los damnificados que serán albergados, mientras se les construye sus futuras viviendas sociales, si así lo definen los gobiernos, nacional y municipal. Cada espacio, debe estar siem­pre listo para recibir a los damnificados. Los baños deben estar listos, los espacios para USF del Ministerio de Salud, etc. Nada debe ser dejado al azar, para un rio que sufrirá los efectos del cambio climático y que se comportará cada vez más agresivo, y menos manso. Si se sigue manejando todo al azar, seguirán las ¨emergencias¨, y la Secretaría de Emergencias Nacionales, SEN, será una entidad cada vez mayor. Y así, no da gusto.

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