Equilibrio: La clave del éxito en la empresa familiar

Por Federico Silva
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Piense en un barco constituido por tres partes: la proa, la popa y la sala de timón, donde está el capitán. El barco flota en la medida en que el agua no entre, para lo cual debe moverse en armonía con las aguas sobre las que navega, sobre todo cuando hay mal tiempo. Si se inclina más de la cuenta hacia la proa o hacia la popa, respectivamente, puede hundirse. Por tanto, para navegar sin inconvenientes y llegar a destino debe mantener la mayor estabilidad posible. Ahora piense que el barco del que hablamos es su empresa familiar. La proa representa a la familia y la popa a la empresa. En la cabina de mando está el capitán, que representa a los que pueden tomar decisiones relevantes en la empresa: los propietarios, que a su vez suelen ser los Directores y al mismo tiempo los padres de familia, quienes pueden dar al barco el rumbo que deseen, siempre que cuenten con la asistencia y el apoyo de su tripulación y tengan en cuenta una serie de pautas para logar un adecuado equilibrio.

Saber a dónde vamos y como llegaremos
Para que el barco llegue a destino, tanto la tripulación como el capitán deben ponerse de acuerdo sobre cómo elegirlo y arribar a éste, puesto que son muchos los puertos que el barco puede alcanzar, siendo imprescindible decidir. No basta la autoridad del capitán para que todas sus órdenes se cumplan; la tripulación debe tener claro que el puerto al que pretende llegar es bueno para ella, de modo a que ponga todo su empeño en llegar al mismo.

Aprender a manejar conflictos
A su vez, hay veces que en el barco surgen diferencias entre sus tripulantes. Si bien la diversidad de opiniones puede ser constructiva y contribuir a una adecuada navegación, de no manejarse adecuadamente pueden resultar destructivas y perjudicar a todos los que viajan en el barco. Además, si los tripulantes estiman que el destino que busca alcanzar no es el más conveniente, pueden no desempeñar bien sus actividades. Incluso, en el peor de los casos, si la tripulación se siente amenazada, puede amotinarse. Muchas veces los tripulantes olvidan que el viaje es largo y complicado, y que cada uno depende de los demás tripulantes para llegar bien a destino. Por tanto una navegación equilibrada requiere aprender a manejar los conflictos que puedan darse a bordo de la nave durante el viaje.

El capitán y la tripulación decidieron embarcarse juntos en el viaje, pero durante el mismo una u otra parte puede abandonar el barco para quedarse en algún destino, o incluso optar por subir a otro barco. Algunos podrían no continuar con la travesía por convenir así a sus intereses, o puede darse que incluso el capitán decida que algunos tripulantes no pueden continuar por mal desempeño.

Por otro lado, imagine que el capitán inclina el barco hacia la proa o hacia la popa, dependiendo de las condiciones de la marea y el viento, tomando determinado rumbo para alcanzar un destino. Ahora imaginemos que la tripulación de proa y la de popa están divididas, siendo la comunicación entre las mismas complicada. A veces, cuando las condiciones de navegación son peligrosas, la tripulación siente que las olas pueden entrar al barco, por lo que tanto la tripulación de proa (familia) como la de popa (empresa) pueden pedir al capitán que modifique la inclinación del barco a su favor, alejándolos así del nivel del agua.

Si el capitán decide inclinar el barco para que la tripulación de proa (la familia) se mantenga alejada de las olas, las mismas se aproximaran a la cubierta en la popa, afectando a esta parte de la tripulación (la empresa), con lo cual sus reclamos no se harán esperar. A su vez, si el capitán inclina el barco en sentido opuesto, la tripulación de proa notará la proximidad de las olas y alertará al capitán sobre la situación.

El capitán quiere satisfacer las demandas de las dos tripulaciones, pero no siempre se puede dar el gusto a todos. Hay situaciones en que algunos miembros, o incluso toda la tripulación, incluido el capitán, olvidan que todos van en el mismo barco. Hay veces que la tripulación de proa (la familia) puede sentirse a salvo por mantenerse más arriba de la línea de flotación del barco, pero eso podría ocurrir porque las olas ya alcanzaron la cubierta de popa del mismo (la empresa). Si esto pasa pronto todo el barco podría hundirse y no volver a flotar.

Encontrar el equilibrio
La analogía del barco ejemplifica el problema dual entre familia y empresa que suelen enfrentar las empresas familiares. Sus líderes (los capitanes) siempre están ante la disyuntiva de reinvertir los recursos que la empresa genera en la misma, o de distribuirlos entre la familia que es su propietaria. Lo paradójico es que canalizar los recursos hacia la familia, descuidando las necesidades de la empresa, equivale a inclinar el barco de tal manera que la popa (la empresa) tenga el agua cerca del borde. Aunque los tripulantes de proa (la familia) puedan sentirse muy seguros, si el agua entra al barco por el otro lado, estarán perdidos. Esto es así porque la empresa no tendrá los recursos suficientes para operar adecuadamente, con lo cual pronto dejará de producir beneficios a ser distribuidos entre la familia que es su dueña. De darse esta hipótesis la propia familia dueña puede ser la causante de la desaparición de la empresa familiar. Por otro lado, si los recursos que la empresa genera no llegan en la medida adecuada a la familia, sus integrantes pueden resentir la carencia de atención y distanciarse del proyecto de la empresa.

Es común que los padres de familia, que a su vez suelen ser los prudentes administradores de la empresa familiar, adopten políticas de austeridad hacia ambas partes. Otras veces prefieren reinvertir en la empresa la mayoría de los recursos generados alegando que los necesita para crecer, dedicando un saldo mínimo a la familia. Sin embargo, dado el caso la familia podría preguntarse si alguna vez le llegaran los beneficios. En otras palabras, ¿Qué sentido tiene que la empresa familiar genere recursos si la familia que es su dueña no puede disfrutarlos?

A su vez, la disputa que se da entre familia y empresa no suele ser sólo por dinero. También la atención, el tiempo y la energía suelen dividirse entre ambos. Una empresa es muy demandante y requiere la entrega de sus trabajadores. Ante esta situación es común que se prefiera descuidar un poco a la familia, pero si esta condición se extiende
indefinidamente, a la larga ésta se verá en gran medida afectada. Prima facie lo más sensato es procurar mantener la horizontal del barco, evitando que se incline hacia cualquiera de ambos sentidos. Podría parecer “justo” que el nivel del agua esté a la misma altura en la proa y en la popa. Sin embargo, hay veces que por las condiciones de navegación no puede mantenerse la horizontal, siendo necesario inclinar el barco para evitar que se inunde. En otras palabras, esto significa que a veces la empresa o la familia pueden requerir una atención especial y cierto sacrificio por parte de la otra. Por ejemplo, crear un nuevo negocio puede exigir un esfuerzo mayor por parte de la familia, y algunas situaciones de gran relevancia para ésta podrían dejar a la empresa sin los recursos que necesita. En estos casos el capitán debe observar las condiciones de navegación y las demandas de su tripulación para decidir qué posición debe asumir el barco, siempre buscando encontrar el equilibrio adecuado para llegar a destino. Las mejores prácticas para ello pueden condensarse en un Protocolo Familiar.

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