Los indicadores sociales y la desaceleración

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La situación económica no puede ser separada de la social, ambas se interrelacionan e influyen mutuamente. Así, es de esperar que el actual menor ritmo de la actividad económica tenga sus efectos en los indicadores sociales, lo que en un país como el nuestro, en el que 1 de cada 4 paraguayos se encuentra en situación de pobreza, requiere de medidas estratégicas para evitar retrocesos en la calidad de vida de los grupos vulnerables.  

Si bien la economía sigue creciendo, la desaceleración empezó a marcarse en los últimos meses del pasado año y algunos indicadores sociales acusaron el efecto.

Menor ritmo de disminución de pobreza

La reducción de la pobreza en Paraguay ha mostrado importantes avances desde inicios del siglo, cuando casi la mitad de la población se encontraba en esta situación. En el 2018, la población que vivía en pobreza ascendió a 1.679.810 personas sin incluir a los empleados domésticos sin retiro, es decir, el 24,2% de la población, lo que significa una reducción de 2,2 puntos porcentuales respecto al año previo, pero a la vez significa que 1 de cada 4 paraguayos no tiene lo suficiente para cubrir una canasta básica de bienes que cuesta mensualmente Gs.664.297 en el área urbana y Gs.473.601 en el área rural.

Sin embargo, lo que habría que considerar es el ritmo de reducción del porcentaje de pobreza que pasó del 8,2% registrado en promedio en el periodo 2009/2013 al 2,7% promedio en el periodo 2014/2018.  Esto es, en el segundo periodo el país logró sacar de esa situación a una menor proporción de personas.

Adicionalmente, el pasado año la pobreza extrema aumentó 0,4 puntos porcentuales, es decir, el 4,4% de la población, 335.165 personas, ni siquiera cubre una canasta básica alimentaria. El crecimiento económico no logró evitar que en el último año 33.163 personas cayeran esta situación, de las que el 86% se encontraba en el área rural, lo que indica que fue un crecimiento no muy favorable a los pobres, dado que, ante una mínima debilidad de la actividad económica, miles de personas vuelven a la vulnerabilidad.

Una explicación a esta situación es que cuando el ritmo de actividad cae, los ingresos también lo hacen y aumentan el desempleo y la subocupación. En el 2018 el desempleo aumentó hasta 5,7%, superior en 0,5 puntos porcentuales al registrado en el 2017, mientras la subocupación visible también varió en igual cantidad de puntos porcentuales, pero llegó al 5,9%.

Estos números nos dicen que la economía tuvo una menor capacidad para generar empleos de calidad y ello se reflejó en el promedio de ingreso laboral que fue de Gs.2.397.000, es decir, 0,7% menos que en el año 2017, mientras que el ingreso promedio laboral del 20% más pobre de la población cayó en 3% y se ubicó en Gs.702.000, apenas un tercio del salario mínimo legal.

Otros indicadores a considerar

Tomando datos del Boletín Condiciones de Vida de la Población 1997-2018, de la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos – DGEEC, podemos ver que otros indicadores sociales tampoco mostraron mejorías significativas y algunos mostraron leves retrocesos.

En cuanto a salud, en el 2018 solo el 26,9% de la población tenía cobertura de seguro médico, esto es solo 0,1 punto porcentual mayor al porcentaje verificado en el 2017, lo que implica que el año pasado el sistema de salud no ha sido capaz de generar una mayor cobertura ni la economía los ingresos suficientes como para que más personas contraten un seguro médico privado.  Este porcentaje es de apenas el 14,3% en el área rural, lo que denota la desigualdad existente y la vulnerabilidad de las personas que viven en la misma.

En cuanto a educación, el analfabetismo aumentó 0,2 puntos porcentuales y alcanza al 6% de las personas de 15 y más años de edad, es decir, fueron 13.000 personas más que no sabían leer ni escribir. Por otro lado, la asistencia de los niños, niñas y adolescentes de 6 a 14 años a una institución escolar disminuyó 0,5 puntos porcentuales con lo que el 3,6% de las personas de esas edades que deberían haber recibido educación en el 2018 no lo hicieron.  Los motivos económicos suelen ser los principales para las que las familias dejen de enviar a sus hijos a los centros educativos, por lo que este indicador también acusa el efecto del menor dinamismo económico.

¿Qué hacer en esta situación?

El gobierno necesita invertir en las personas para garantizar sus derechos, pero cuando hay desaceleración se recaudan menos impuestos y, por tanto, se tienen menos recursos para invertir en lo social con lo que se genera un círculo vicioso en el cada vez el estado tiene menos para invertir en los que más lo necesitan.

En esta situación, se deben tomar medidas claras que propicien el desarrollo de nuevos sectores económicos con potencial para generar más producción y empleo y doten a las personas de las capacidades para trabajar en ellos. Por el lado de la actividad económica propiamente dicha, son necesarias medidas como reducir los tiempos de apertura de empresas, propiciar la inversión en sectores como la construcción y la gastronomía, y mejorar la ejecución de la inversión pública en infraestructura. Por el lado de lo social, invertir en la educación de las personas es primordial, lo que junto con la mejora de la calidad del gasto que focalice los recursos en los sectores y territorios más vulnerables, permitiría mejorar el capital humano, base del desarrollo.

Paraguay necesita recuperar su ritmo de crecimiento y superar el 4% para lograr un elevado desarrollo socioeconómico, y con ello reducir la pobreza y la desigualdad, mejorar la educación, y garantizar un ingreso digno a las personas. Las medidas deberían estar orientadas a ello.

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