Poder y psicopolítica

Hasta 'la verdad', está asociada al poder. Las redes sociales, hoy se creen detentoras de la verdad, porque por allí transita el poder".

SOCIEDAD DIGITAL
VICTOR RAÚL BENÍTEZ

PRESIDENTE DEL CLUB DE IDEAS

Tengo una idea. En tres partes. En primer lugar, en estos tiempos turbulentos, el poder real está lejos de la política. No solo por­que está aconteciendo, y porque se va a acelerar, un cambio generacional en la política paraguaya – al estilo Miguel Prie­to. Los políticos ¨glifosato¨, que no dejan crecer nada a su alrededor, tienen sus días contados. Además, la sociedad de hoy se encuentra altamente politizada. La vida política está impregnando a la gente. Con la web y las redes sociales, el microclima político no es monopolio de los que hacen política. Cualquiera puede editorializar cualquier tema.

La ciudadanía es la que emite men­sajes, muchos de ellos políticos, y los políticos profesionales ahora son los que los reciben, y deben sa­ber decocificarlos, al revés de lo que era antes. La clase política casi ya no emite mensajes, porque no tiene narrativas. Se está convirtiendo en mera curadora del ruido político que fluye por las redes. La gente habla de ellos, y se están debilitando. Ade­más, los algoritmos están tomando el poder en el mundo del poder. Es­tamos en una era de transición tec­tónica en la vida política, o mejor, en la psicopolítica digital. Por otro lado, como nunca antes, las élites económicas acumulan poder, y la desigualdad económica que tiene consecuencias políticas, es el pro­ducto de que los ganadores coopten el poder político, en beneficio de sus intereses.

En segundo lugar, cuanto más podero­so es el poder, más silenciosamente se comporta. Es como el árbitro de fútbol: su poder en el juego es inversamente proporcional a la necesidad de sus in­tervenciones. El poder no tiene por qué asumir la forma de coerción. Étienne de la Boétie habla de la servidumbre voluntaria, en lo que la mayor y más po­derosa empresa de espionaje del mundo, Facebook, es especialista. El modelo de coerción no hace justicia al poder. Las redes sociales invitan a que por propia voluntad, uno ceda toda su intimidad a los demás. El poder como coerción vintage consiste en imponer decisiones contra la voluntad del otro. Muestra un grado muy reducido de intermediación. Es el poder antiguo.

Y en tercer lugar, poderosos, sin otros so­bre los que puedan ejercer su poder, son moribundos desesperados. Hay inter­dependencia de poder, en el mundo del poder, y complejas reciprocidades. Así dice el filósofo Byun-Chul Han, cuando explica por ejemplo, qué le pasa a los Víctor Bogado, a los González Daher, HC y a los etcéteras, cuando pierden el poder. Los escraches, físicos y digitales, les dieron como una primera muerte. Así es que se explica que la pérdida de poder es una pérdida de espacio, donde el cuerpo y la mente del poderoso que se extendían sobre otros en el tiempo, co­mienzan a percibir que tienden a redu­cirse a un simple pedazo de carne. Gran descubrimiento. Uno es devuelto a su cuerpo mortal, lo que se vivencia como una especie de muerte.

Y en este contexto, para qué sirve aún la nación y qué significado tiene el Estado. Para trabajar de manera objetiva, la con­ceptualización de las nociones de Nación y Estado, se podría iniciar las reflexiones, utilizando el modelo del ¨pensamiento crítico¨. La Nación es un colectivo huma­no caracterizado por una cultura común. El propósito quizá sea la perennización de dicho colectivo, a partir del hecho de compartir en una comunidad, rasgos comunes y objetivos, de similutud entre los miembros del colectivo. Esas caracte­rísticas comunes pueden ser elementos relacionados con el lugar de nacimiento, hábitos, cosmovisiones, idioma, usos y costumbres. ¿Hacia donde va la nación paraguaya pendular, entre Argentina y Brasil, entre Yacyretá e Itaipú, en es­tos tiempos posmodernos de ausencia de narrativas, de relatos, de sentido de designio y de propósitos? Cómo se va a negociar Itaipú para el 2023, si no se ne­gocia primero con uno mismo. Qué tipo de país se quiere.

No se puede responder fácilmente, por­que aún en este mundo político digital, continúan los conflictos entre lo público y lo privado, el Oikos y la Ekklesia. El nuevo Ágora son las redes sociales y el mundo digital, donde los intereses co­lectivos se vuelven de interés privado, y viceversa. El Idios, o Idiot de los grie­gos, que se opone a lo colectivo, es un actor también principal. Básicamente, el poder como coerción antropológica y poder como libertad son iguales. Solo se diferencian en el grado de intermedia­ción. Y las redes sociales son los nuevos actores. Si no hay intermediación del poder sobre del individuo, se avasalla su libertad y acontece la coerción.

Lo que caracteriza antropolológicamen­te al verdadero poder, no es la presencia visible de la coerción, sino la ausencia del mismo. Y las redes saben de eso. No es la presencia del poder que incluso puede llevar a la propia muerte, sino que, la ausencia de esa lucha, es donde radica el verdadero poder. El genuino poder actual no se limita a matar, sino que, es más, a dejar vivir. En las redes.

Finalmente, la acción política, que le da sentido al mundo, le da sentido también a las cosas. Hasta ¨la verdad¨ está aso­ciada al poder. Las redes sociales, hoy se creen detentoras de la verdad, porque por allí transita el poder. Algo que pro­viene del poder es la verdad , incluso en la era de la posverdad y de las fake news. ¿Al final de cuentas, es real la realidad? El poder de los algoritmos, que le da forma al mundo y con-forma a la realidad, tiene la palabra. Aunque sea para explicar una falsa realidad. Y así, no da gusto.

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