Responsabilidad social: una razón empresarial

Por Stephanie Hoeckle – Directora Oui Oui
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Estaba muy ocupada hablando con mi equipo sobre el impacto que tiene hoy la responsabilidad social en la reputación de una empresa cuando mi hija —que a veces también va a “trabajar” con la madre— me dijo: “Mamá, ¿vos sabías que en mi colegio hacemos responsabilidad social cuando reciclamos la basura que producimos, juntamos abrigos para los damnificados o plantamos árboles en la plaza que está cerca?”. La miré complacida, pues es un orgullo saber que ya desde pequeña ella no solo maneja el concepto, sino que también está aprendiendo a desarrollar una consciencia social responsable.

Creo que voy a tener que invitarla a reunirse uno de estos días con algunos clientes, pues pese a que todo el tiempo se habla de la responsabilidad social empresarial (la famosa RSE, que ya es una materia de estudio en diplomados y maestrías), hay todavía empresarios que se resisten a implementar programas por la supuesta inversión que exige. Sin embargo, la responsabilidad social se puede aplicar mediante pequeñas acciones diarias, no necesariamente costosas, que podemos desarrollar en la casa, el colegio de nuestros hijos y el barrio donde está la sede de nuestra empresa.

Sentirnos parte de una sociedad donde todos somos responsables de lo que ocurre dentro de ella es el punto de partida. En el caso de una empresa, se trata de un compromiso voluntario que ésta asume por el impacto que causa su actividad en la sociedad. No importa que un negocio sea grande, mediano o pequeño, casi todas sus acciones tienen consecuencias en el medioambiente, la comunidad y el bienestar de sus empleados. En estos tres puntos de vista se deben centrar las prácticas socialmente responsables.

No todas las decisiones de RSE tienen que ver con invertir más dinero. Por ejemplo, hay una pequeña cafetería de la zona de Lillo que, además de servir un riquísimo café importado —cuya producción respeta normas medioambientales—, ha resuelto contratar solo a proveedores que cumplan con las condiciones laborales exigidas por la ley.

Empezar por casa

Cuando hablamos de RSE pensando en nuestros colaboradores, no debemos confundir ciertos derechos laborales que les corresponde por ley. “Todos nuestros empleados están inscriptos en IPS”, afirmaba años atrás un cliente con quien buscábamos trabajar en una campaña de RSE. Lo que este señor señalaba como un punto a favor era, en realidad, una obligación legal que todas las empresas deben cumplir.

Otro error común es pensar que hacer responsabilidad social es apoyar exclusivamente una causa social externa. Es una de las posibilidades a explorar, aunque no la única. La RSE empieza por casa, creando un clima laboral favorable que haga sentir a gusto a sus empleados, los comprometa con la empresa y los retenga. Eso se puede traducir en horarios flexibles y becas para el personal que estudia, seguros médicos o de jubilación privados, jornadas de recreación familiar, además de otros proyectos específicos relacionados con las necesidades de cada sector o tipo de empresa.

Un proyecto alineado

Si de apoyar acciones sociales se trata, es fundamental que se elija un proyecto que esté alineado con los valores, la misión y el know-how de una empresa. A veces, los propietarios se dejan llevar por sus intereses o pasiones personales, pero si tienen en cuenta la cultura corporativa y a sus colaboradores en la elección de una causa, fortalecerán la imagen de la compañía y tendrán un plantel más motivado y comprometido.

Una recomendación básica a la hora de elegir a qué organización o fundación ayudar, es verificar que sea transparente en la gestión y rendición de cuentas, como en la medición de los resultados de sus proyectos. Además, es importante armar un plan de inversión de por lo menos tres años si lo que se busca es generar algún cambio significativo.

Comunicación responsable

Conozco numerosas empresas nacionales que realizan acciones de responsabilidad social, pero no las comunican, prefieren quedar en el anonimato. Algunas de ellas dicen que no les gusta alardear, otras se muestran temerosas a la reacción del público o de los medios de comunicación. Sin embargo, cada vez más la gente busca marcas y compañías comprometidas con una práctica ética y solidaria, por lo tanto, es necesario dar a conocer esa información para el público interesado pueda tomar una decisión.

Comunicar es una tarea compleja y debe ser tan responsable como la misma práctica de responsabilidad social. No se puede decir más de lo que una empresa se compromete a cumplir, por lo que la honestidad y la información precisa son claves. El mensaje debe ser transparente, creíble, relevante, comprensible y completo.

Si hay impactos negativos o problemas, es un imperativo responder e informar sobre las acciones que se tomarán para subsanarlos, más aún si se trata de rubros sensibles (como alimentos, productos de salud, educación, etcétera). En definitiva, la responsabilidad social no es una herramienta más de marketing, sino un reflejo de los valores de la empresa y parte de su identidad.

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