Cárceles, mazmorras, galeras…

Volver a la Edad Media no alcanza para resolver la crisis penitenciaria

Sin ir más lejos
Por CRISTIAN NIELSEN

La fruición conque algunos legisladores derrapan en su cometido ya es proverbial pero nunca deja de sorprenderme. El siniestro episodio que ensangrentó la penitenciaría de San Pedro, con decap­itados e incinerados al más puro estilo narco, le hizo proferir al diputado Édgar Ortiz una cadena de despropósitos que desnudan su absoluto desconocimiento del régimen penitenciario vigente y de los tratados internacionales sobre derechos humanos firmados por el Paraguay.

O peor aún: los conoce y habla como si le importara un corno.

La idea de llevar a los reos peligrosos a Lagerenza -700 kilómetros al NO de Asunción- no es nueva. Viene boyando desde hace años y salta cada vez que hace crisis la deplorable red carcelaria del país.

Que el Gobierno les de carne y ellos cultiven el resto de su comida sí es nuevo y bastante creativo, lo mismo que emplear a presos en el mantenimiento de los caminos del Chaco.

La fotografía es fascinante: largas filas de convictos encadenados con picos y palas tratando de domar polvaderales o lodazales, según la estación. Un imán irresistible para los traficantes que operan en el norte del Chaco con aviones, pistas clandestinas y veloces 4×4. Los rescates serían dignos de Charles Bronson o Steven Segal.

Ortiz quiere encargar la función de guardia cárcel a los militares, previa reforma de la Constitución. Aquí hay un problema de formación previa. Al militar se lo instruye para neutralizar al enemigo en una guerra.

Eso significa, matar o incapacitar para eliminar la amenaza. Así que cabe la pregunta: Para el militar-guardia cárcel, un interno, ¿sería un enemigo, alguien a eliminar si intenta escapar o se amotina?

No sé si el régimen penitenciario necesita una reforma o si bastaría con aplicarlo tal como está, cosa que no se hace. Pero algo es seguro: el disparateo libre no alcanza.

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