La preexistencia de salud en el Seguro de Vida

Por Guillermo Fronciani
Abogado

 

La preexistencia médica corresponde a cualquier enfermedad, patología o condición de salud que haya sido conocida por el tomador o asegurado y diagnosticada médicamente con anterioridad a la suscripción de un contrato de seguros.  El jurista italiano Vivante en una de sus obras definía así: “El asegurador que no puede, por lo común, descubrir con sus propios ojos todas las circunstancias que pueden influir en la apreciación del riesgo, en la mayoría de los casos debe confiarse a las declaraciones del asegurado. Por eso el asegurado está obligado a declarar fielmente las verdaderas condiciones del riesgo, o sea, a decir con exactitud todo lo que dice y a decir todo lo que sabe; si falta el primer precepto, comete una declaración errónea; si falta al segundo, comete una reticencia; en ambos casos el asegurador puede pedir la nulidad del contrato, cuando las circunstancias inexactas o calladas eran de tanta importancia que habrían podido inducirlo a prestar un consentimiento que hubiera negado conociendo la verdad”

 

Debemos partir de que el contrato de seguro es de buena fe por lo que la conducta de las partes constituye  un elemento esencial de la relación asegurativa. Omitir un dato o falsear una declaración pueden llevar a un desequilibrio de esa relación. El asegurado debe informar y el asegurador tiene el derecho de informarse acerca de su  verdadero estado de salud, su edad, su profesión o actividad, sobre el cual se “construye” la tarifa y se determina el alcance de la cobertura. Parte a su vez del principio asegurativo de cubrir lo incierto y futuro.

 

Nuestro Código Civil en su artículo 1549 expresa: “…Toda declaración falsa, omisión o reticencia de circunstancias conocidas por el asegurado, que hubiese impedido el contrato o modificado sus condiciones, si el asegurador hubiese sido informado del verdadero estado del riesgo, hace anulable el contrato. El asegurador debe impugnar el contrato dentro de los tres meses ha haber conocido la falsedad, omisión o reticencia…”, en tanto el articulo 1553 alega: “…En todos los casos, si el siniestro ocurre durante el plazo para impugnar el contrato, el asegurador no adeuda prestación alguna, salvo el valor de rescate que corresponda en los seguros de vida…”. Esto último implica la gravedad de la reticencia que conlleva inclusive a la perdida de la prestación por parte del asegurador.

 

Pero se debe tener en cuenta que,  ni el asegurado puede conocer toda la información que requiere el asegurador, ni este puede alegar omisión de información cuando no lo solicito expresamente. Por ello normalmente en el seguro de vida existen formularios de declaración que deben ser completados íntegramente. La falta de consultas omitidas por el asegurador en el formulario no puede ser después causal de reticencia para el asegurado. Salvo que se trate de un hecho que agrava significativamente la vida de la persona como un cambio de profesión hacia una actividad más riesgosa y donde el asegurador, una vez informado,  tiene tres meses para impugnar el contrato o de lo contrario está aceptando tal agravación.

 

Podemos afirmar que  lo más común de la reticencia en el seguro de vida  puede llegar a ser la preexistencia. Es decir un estado irregular de salud anterior a la contratación del seguro. Omitir una enfermedad en la llamada “declaración de salud” significa la nulidad del contrato de conformidad al artículo 1549 citado y libera al asegurador de prestación alguna. La preexistencia siempre debe ser declarada pues el asegurador puede inclusive  aceptar la contratación excluyendo solo la patología declarada, lo cual no impide la contratación, o bien puede ampliar la información sobre esa patología específica para luego dar cobertura si su análisis técnico así lo permite.  Y es que las causales de un eventual siniestro pueden ser distintas a esa patología declarada con lo cual no habría impedimento para su contraprestación. Por ejemplo, si un asegurado padece una enfermedad coronaria, el contrato puede excluir esta enfermedad, pero aun así estarían cubierto  todas las demás patologías naturales y las causas accidentales.

 

Lo importante entonces es que, el asegurado o tomador declarare cualquier preexistencia si la hubiere. Deje constancia de ello en los formularios de suscripción, de propuesta o de salud y por parte del asegurador, ser claro en las preguntas, facilitar la contratación y cuidar el criterio de Protección Contractual de la Ley 1334/98 de Defensa al Consumidor que en su artículo 25° expresa: “…Todo contrato de adhesión, presentado en formularios, en serie o mediante cualquier otro procedimiento similar, deberá ser redactado con caracteres legibles a simple vista y en términos claros y comprensibles para el consumidor…”

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