¿Dónde estabas hace 50 años?

Obvio, no es una pregunta para cualquiera

Por Cristian Nielsen

Yo estaba en casa, pegado a la radio Philips de cinco lámparas de ondas corta y media. En la salita de adelante estaba el televisor Telefunken de 24 pulgadas, blanco y negro.

Pero apagado. Era inútil encenderlo porque en 1969, el “directo” era un concepto desconocido para la televisión criolla. La Tri­buna de ese día, 20 de julio, anunciaba que el módulo de la misión Apolo 11 se posaría sobre la superficie de la Luna, completando el más fantástico de los viajes del hombre: tres astronautas, a bordo de un vehículo de tres componentes, 1.764.401 kilómetros recorridos durante las 195 horas, 18 minutos y 35 segundos que duró la aventura.

Fines de los sesenta, época en que la radio todavía era la gran señora de la comuni­cación, “el gran teatro de la mente” como la definen algunos cultores de la expresión oral. Teníamos el relato de los locutores de la Voice of America, abundante en tramos en inglés, con un audio plagado de silencios, chisporroteos e interrupciones, algo mágico, según la imaginación de cada quien.

Sólo tendríamos una visión real cuando días después llegaron las “cintas” con las borrosas escenas en blanco y negro de Neil Armstrong aferrado a la escalerilla del LEM (Lunar Excursion Module), aprestándose a dar aquel pequeño paso para el hombre, gigantesco salto para la humanidad.

Hoy nos parece corriente que un artefacto vuele 1.200 millones de kilómetros, aterrice sobre un asteroide en el espacio profundo y mande fotos de altísima definición. Pero en aquellos días había que tener mucha fe para aceptar que tres tipos, encerrados en un cajón de lata, hicieran realidad la fantasía de Julio Verne.

Los negacionistas dicen que todo aquello fue una fabricación.

Yo me quedo con la realidad, que hace medio siglo tuvo a la humani­dad reteniendo la respiración.

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