El lastre de las empresas públicas quebradas

Hay que escuchar idioteces tales como que el cemento y el acero son industrias estratégicas, como si estuviéramos en guerra…"

Gobierno tras gobierno han venido mostrando un absoluto desinterés por desprenderse de empresas fallidas dedicadas a fabricar cosas que el sector privado hace mucho mejor. Todavía hay que escuchar idioteces tales como que el cemento, el acero y las comunicaciones son industrias estratégicas, como si estuviéramos en guerra, cuando el único enemigo a la vista es la ineficiencia, la corrupción y el negocio de políticos sinvergüenzas.

Cada turno en el Palacio de López llega con el mismo verbo superficial. Hablan de acabar con el prebendarismo y de hacer eficientes empresas que en realidad están quebradas y desbordantes de personal innecesario. Basta hacer algunas comparaciones para descubrir el delirio que es todo esto. La INC mantiene 1.200 funcionarios para producir al año –si no parara semanas enteras- unas 260.000 toneladas de cemento a razón de 216 toneladas por funcionario. La empresa Yguazú Cementos duplica esa producción con cinco veces menos empleados: 2.100 toneladas/año por funcionario.  Petropar necesita 800 para destilar 25 millones de litros de alcohol por temporada, a razón de 30.000 litros por empleado/año. INPASA alcanza los 144.000.000 de litros con 750 funcionarios, uno por cada 180.000 litros. A Acepar le cuesta el doble producir el mismo acero de origen brasileño y tres veces lo que cuesta el chino. ¿Es necesario seguir?

La falacia de que “no podemos dejar en la calle a tanta gente” no se sostiene. El personal técnico y administrativo valioso podría encontrar empleo fácilmente. Cualquier empresa privada apreciaría sus competencias. A los demás, que los mantengan sus padrinos políticos… pero de su bolsillo. Porque reemplearlos en el Estado es muy fácil… pero demasiado costoso para el contribuyente.

Esta lógica de hierro no hace mella en ningún Gobierno.

Y así estamos.

 

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