Inermes ante patotas sediciosas

Un ministro del Interior que confunde delitos con infracciones de tránsito y que cierra filas con sediciosos, abandonando a su suerte a la ciudadanía".

El martes por la mañana, una horda tumultua­ria de taxistas rodeó la Municipalidad de Asunción sellando entradas y salidas, obs­truyendo la circulación por la avenida Mariscal López y calles laterales y generando un caos en el tránsito de proporcio­nes gigantescas. Miles de personas quedaron atrapadas en aquel nudo sin poder conti­nuar viaje rumbo a sus obligaciones, pasatiem­pos o lo que fuere. Los voceros de la algarada no paraban de proferir amenazas, la más común de las cuales era: “Acá no entra ni sale nadie (de la Municipalidad) hasta que nos atienden”.

Y efectivamente, nadie pudo entrar ni salir por horas.

Si esos dichos y hechos no configuraron el delito de sedición, se le parece bastante.

Sin embargo, hubo que escucharlo al Ministro del Interior decir dos co­sas. La primera: que ese era un problema de trán­sito y que por lo tanto era la propia municipalidad la que debía poner orden con su policía. ¿Cómo? ¿Atropellar un espacio de dominio público e interrumpir el funciona­miento de un organismo gubernamental es un problema de tránsito? La segunda: “No voy a criminalizar la protes­ta social”. Bien por el ministro garantista, que confunde el derecho a peticionar a las autorida­des con el caos, las ame­nazas y el bloqueo a una institución pública por una pandilla de patote­ros, con absoluta indife­rencia de las penalidades sufridas por el grueso de la población afectada.

Así están las cosas. Te­nemos un ministro del Interior que confunde delitos con infracciones de tránsito y que cierra filas con sediciosos, abandonando a su suerte a la ciudadanía que debe proteger. Eso explica muchas cosas que pasan y son el fundamento de por qué tanta gente descree cada vez más en las instituciones que han sido creadas, con rango constitucional, para darle seguridad.

También podría gustarte