La Ley Nacional de Tránsito y el Contrato de Seguros

Por Guillermo Fronciani
Abogado

 

Por Ley N° 5016/14 se promulga la nueva Ley Nacional de Tránsito y Seguridad Vial que en su Artículo 158 deroga el Decreto Ley N° 22.094 del 17 de setiembre de 1947 “Por el cual se establece el reglamento general de transito caminero” y el  Artículo 20, Inc. “c” de la Ley N° 1590/00 “Que regula el sistema nacional de transporte y crea la Dirección Nacional de Transporte (DINATRAN) y la Secretaria Metropolitana de Transporte (SMT)”.

 

En su Artículo 1° se establece su alcance al expresar: “… Las disposiciones de la presente Ley serán aplicables en toda la República. Las normas departamentales y municipales deberán ajustarse a lo que ella dispone sobre la materia…”. En su Artículo 2° indica  cuál es su objeto: “…a) Proteger la vida humana y la integridad física de las personas en el tránsito terrestre; b) Preservar la funcionalidad del tránsito, los valores patrimoniales públicos y privados vinculados al mismo, y el medio ambiente circundante; y, c) Contribuir a la preservación del orden y la seguridad pública…”

 

En su Artículo 3° indica la materia regulada, que comprenden tanto el tránsito vehicular y peatonal; así como la seguridad vial y sus disposiciones que abarcan: a) Las normas generales de circulación.; b) Las normas y criterios de señalización de las vías de tránsito o circulación.; c) Los sistemas e instrumentos de seguridad y las condiciones técnicas indispensables para los vehículos.; d) El régimen de autorizaciones administrativas relacionadas con la circulación de vehículos.; e) Las acciones consideradas como infracción a la misma y las sanciones aplicables en dichos casos.

 

Pero cuál es la  importancia que  tiene para el contrato de seguros esta nueva ley de tránsito.

El contrato de seguros forma parte de los contratos comerciales en general, basados en el principio del artículo 669 del Código Civil que expresa: “…Los interesados pueden reglar libremente sus derechos mediante contratos, observando las normas imperativas de la ley…” y sus efectos son obligatorios para las partes al decir del artículo 715 “…Las convenciones hechas en los contratos forman para las partes una regla a la cual deben someterse como a la ley misma, y deben ser cumplidas de buena fe. Ellas obligan a lo que este expresado, y a todas las consecuencias virtualmente comprendidas…”. Y así el contrato de seguros posee las llamadas Condiciones Generales, Condiciones Específicas y Condiciones Particulares. En estos condicionados se establecen las “cargas u obligaciones” que las partes deben cumplir y que se comprometen “…desde que se ha celebrado la convención…” (Art. 1548) y donde el asegurador “…entregara al tomador una póliza debidamente fechada y firmada, con redacción clara y fácilmente legible…” (Art. 1555) en tanto “…el asegurado considerara aprobada si no reclama dentro de un mes de haber recibido la póliza…” (Art. 1556).

 

En esas condiciones de póliza,  el asegurador transcribe los riesgos excluidos y los casos no indemnizables ante un eventual siniestro. Los riesgos excluidos son aquellos que el asegurador no se comprometió a cubrir desde la celebración misma por lo que no está obligado a garantizar, ya que  no ha tomado a su cargo dicho riesgo y tampoco percibió prima por ello. Manifestó expresamente en la póliza su voluntad de no cubrirlo por lo que el asegurado no tiene derecho a indemnización. Por ejemplo: siniestros ocurridos fuera del territorio de la Republica; daños a cámaras o cubiertas; multas; lucro cesante entre otros. En los casos no indemnizables provienen del “incumplimiento” de una carga u obligación establecida en el contrato que obedece a la culpa o negligencia del asegurado. Y una de esas cargas constituye el incumplimiento a las leyes, ordenanzas, reglamentos gubernativos, municipales o policiales calificadas como faltas gravísimas. Esto tiene una connotación preventiva, concienciando al asegurado/conductor que se vea amenazado en perder su beneficio del seguro si actúa con negligencia e irrespetuosamente las leyes de tránsito y a su vez protege los intereses comunes de la masa asegurada que por el principio de la mutualidad del seguro se pueden perjudicar y aclarando que el asegurado pierde el derecho a ser indemnizado solamente en relación al siniestro que no ha cumplido su carga quedando en vigencia todos los demás riesgos cubiertos por el contrato.

A los efectos de la Ley de Tránsito, en su Artículo 113° indican las faltas gravísimas y citamos algunas a modo de ejemplo:  -La falta cometida que haya causado un accidente que haya producido la muerte, lesiones o puesto en inminente peligro la salud de las personas o haya ocasionado daños en las cosas; -La conducción de vehículos sin respetar la señalización de los semáforos o de la señal de “PARE”; -La conducción en estado de intoxicación alcohólica, estupefacientes u otra sustancia que disminuya las condiciones psicofísicas normales y/o en estado de agotamiento; – Adelantar a otro vehículo en curvas, puentes, paso a nivel, cruces no regulados y/o franja amarilla continua; – Conducir un vehículo en sentido contrario al tránsito; -El consumo de bebidas alcohólicas, cualquiera sea su graduación, en la vía pública y en establecimientos comerciales que tengan acceso directo desde autopistas, rutas nacionales, ramales o caminos departamentales, entre otras.

 

Por tanto, es importante para el asegurado/conductor respetar la normativa establecida en la Ley 5016/14 Nacional de Tránsito y Seguridad Vial y su reglamentación por el Decreto N° 3427/15, y la Resolución 1416/15 del MOPC,   especialmente aquellas consagradas en los artículos 111°, 112° y 113° como faltas leves,  graves y gravísimas y para el asegurador asesorar en el momento de la contratación las consecuencias de su incumplimiento a las leyes de tránsito y las causales de no indemnización en términos claros y fácilmente legibles para el asegurado.

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