La responsabilidad de rendir cuentas

Alicia Verdún – Secretaría PEC
[email protected]

 

Si hoy en tu puesto de trabajo te preguntasen si eres ético, ¿qué responderías? Existen tres tipos de personas respuestas a este planteamiento. La primera sería afirmar que indudablemente son éticos sin autoanalizar todas las decisiones previas que han tomado antes de este cuestionamiento. La segunda diría que es un valor que carece de importancia por lo que considerarse ser una persona ética no afecta en absoluto su vida laboral. La tercera, probablemente, contestaría diciendo que trata de serlo. El 90% del día nos encontramos relacionándonos con las personas. ¿Qué pasará si ponen en duda tu ética profesional?

Laboralmente cada persona está supeditada a las decisiones que toma en momentos cruciales, tal es así, que toda una impecable trayectoria (en el sector a que una persona se dedica) puede ser en vano si no cuidamos de la ética profesional. Por más de que digan que estamos en una época donde es más importante las habilidades y experiencia, la ética nunca dejará de ser un requisito indispensable.

Esto está ligado con la responsabilidad de rendir cuentas, es decir, la ética que aplicamos en nuestra empresa que, por supuesto, va de la mano con el gobierno corporativo.

Según un manual del Departamento de Comercio de los Estados Unidos de América, titulado ‘Ética Comercial. Manual sobre la administración de una empresa comercial responsable’ existen métodos para asegurar que nuestra ética profesional se mantenga y el trabajo sea hecho como se debe. Dejando de lado el pensamiento coloquial y cultural de hacer las cosas a medias, o simplemente, hacerlo de una forma más ”rápida y sencilla”; para ser más claros, ilegalmente.

La primera práctica a tener en cuenta es cumplir con lo que establece los mecanismos de consulta, seguimiento y auditoria ética. No solo sirve de consulta, revisión y seguimiento a las prácticas de auditoría interna de la empresa, a la par, supervisa otros aspectos de los sistemas de control y preparación de informes financieros, así como las políticas de ética empresarial. Una vez que aprendamos a utilizarlos, elaborarlos y seguirlos, nuestro trabajo será mucho más fácil de ejecutarlo y la transparencia en ellos demostrará tu desempeño.

La segunda es vital para continuar con el desempeño colectivo de nuestro trabajo, la de informar acerca de las infracciones cometidas en nuestro entorno. Por más que no lo hagamos nosotros, es nuestro deber como personas y trabajadores éticos el informar cuando otra persona se encuentra violando las políticas de la empresa o leyes locales que dañará la empresa en prestigio, producto o servicio. Por tanto, cuando denunciemos estas fallas, demostramos que no guardamos secretos ni respaldamos las malas prácticas.

La tercera consiste en el registro exacto y preciso de todas las transacciones realizadas. No es posible ser transparentes si ocultados hasta el dato más minúsculo porque si empezamos a hacerlo, a largo plaza tendremos una acumulación de datos escondidos y en los informes financieros se plasmarán. La comunicación es el medio por el cual esta práctica es llevada a cabo, que puede ser oral o escrita, pero todos sabemos que las cosas son más bien avaladas y comprobadas si tenemos un respaldo físico y escrito.

Asimismo, como lo hemos mencionado en artículos anteriores, el rol del Compliance Officer es característico para verificar que las documentaciones y registros sean elaborados a detalle y según como lo rigen los métodos de acción o manual interno. Ahora bien, si la función interna no es capaz de proporcionar a la gerencia evaluaciones sobre la efectividad de los controles internos de las funciones de contabilidad, operación y administración, se debe a que los funcionarios mismos no prestan la colaboración necesaria.

En la cuarta práctica se relaciona bastante con la conducta fraudulenta de todos los funcionarios partes de la organización. Por ningún motivo nuestras actividades pueden ser deshonestas o fraudulentas para la apropiación indebida de bienes de la empresa con la finalidad de lucrar a nivel personal o ante terceros. A causa de esto es que se establecen los puntos 1 y 2 ya citados más arriba.

En consecuencia, la quinta práctica consiste en evitar todo conflicto de interés o aceptar algún tipo de remuneración, regalos o pagos inadecuados que excedan el pago nominal acordado. Es nuestra responsabilidad demostrar que recibimos remuneración por el servicio que prestamos a la empresa y no dar indicio a cualquier otra actividad no establecida en nuestras funciones para que no se propicie el conflicto de intereses entre los trabajadores y representantes de la empresa.

En la última y sexta práctica, ponemos a prueba nuestra seriedad, confidencialidad e integridad como individuos partes de una empresa u organización. Pese a que se corre el riesgo de la divulgación de ciertos métodos, procedimientos y recursos, es importante que demostremos que estas características son definidas por las acciones en la empresa o una vez fuera de ella.

En conclusión, no podemos obligar a las personas a mantener una ética profesional, pero si podemos poner a conocimiento los pasos a seguir para alcanzarla, así que, si seguimos estas seis prácticas, sabremos en definitiva que nuestra ética profesional no se pondrá en duda y nuestras acciones y reputación profesional lo asegurarán. Finalmente, a nivel organizacional, sabremos que el gobierno corporativo y la responsabilidad de rendir cuentas son cumplidas al pie de la letra.

Fuente: ‘Ética Comercial. Manual sobre la administración de una empresa comercial responsable’- Departamento de Comercio de los Estados Unidos de América, International Trade Administration. 2007.

También podría gustarte