Redes sociales

Civitas

Por Juan Pablo Fernández Bogado
@jpferbo – Abogado

 

Estamos viviendo tiempos donde la participación pasó de la calle a las redes sociales generando un impacto en la vida pública.

Los que tuvimos la suerte de ver la evolución de las herramientas de comunicación cuando por los años noventa comenzaba el auge del internet y ahora llegamos a niveles de conectividad como el 5G, jamás nos hubiéramos imaginado como desde las nuevas tecnologías y las redes sociales se puede cambiar el curso de las políticas en cualquier país del mundo.

Este tema hay que abordarlo desde la parte práctica y necesariamente cuando hablamos de la participación ciudadana hoy no podemos dejar de lado lo que son las redes sociales, y cuando hablamos de redes sociales también hablamos de influenciar.

Del rol de estas personas que tienen la capacidad de generar nuevos criterios dentro de la opinión pública, pudiendo ser constructivos, pero también muy destructivos. Una politóloga guatemalteca de nombre Gloria Álvarez, quien en el 2017 salió como una de las 10 mujeres con mayor influencia en Iberoamérica, era muy apegada a Michelle Bachelette dentro de este ranking. Hablamos de alguien no electo, sino de una profesional con menos de 30 años pero que su característica principal era sentar posturas en redes sociales.

A partir de ahí, con una dinámica, forma de hablar y exponerse logró tener mayores seguidores e influenciar.

En un análisis luego de las elecciones en EE.UU., se planteó que fue el momento donde las noticias falsas tuvieron mayor efecto sobre la imagen de otros candidatos. Eso se debe a que hoy uno acepta como verdad lo que encuentra en Google o Twitter y no se fija en la fuente.

Tenemos mucha información que no está avalada por fuentes fidedignas y ahí donde es urgente empezar a construir espacios de análisis y poner en contexto estas informaciones con la realidad para mitigar en muchos de los casos el impacto que estas generan dañando la imagen de personas o instituciones.

Puede ser interesante empezar a debatir la necesidad de normas que reglamenten las nuevas formas de comunicación digital, precautelando derechos que últimamente son violados en las redes sociales y deben ser penados. Si no, definitivamente, a la larga vamos a lamentar no haber puesto límites.

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