Tongo

Paraguay hecho un reality show de cabotaje y a la deriva, en donde vamos camino a naturalizar el ridículo.

Juan Torres
@jualtorres
Periodista

Desde su onomatopeya, la palabra “tongo” remite a instintos tribales, primitivos.

Resca­to, sin embargo, a miles de tribus alrededor del mundo que viven en perfecta armonía con su entorno y que no conocen a la violen­cia en sus interacciones frecuentes. No es el caso de la numerosa horda de australo­pithecus que asola el Congreso de la Nación, con algunas excepciones destacadas.

Ya sea por un taponamiento temporal de las arterias cerebrales o por un exhibicionismo impostado de testosterona, Enrique Riera y Payo Cubas nos acercaron un poco más al desfiladero al cual están arrastrando a la República. Nuestros dirigentes, o aquellos que aspiran a serlo, parecen haber comprado la idea de que necesitan “centralidad mediática” a toda costa y se lanzan a un juego peligroso en el que están corriendo alarmantemente los límites.

Tanto, o más decadente aún, es la reacción de algunos trolls pagados por determinado movimiento político, que diseñaron una caricatura de Riera haciéndolo quedar como un “superhombre” por haber empujado a su colega al piso y haber lanzado un par de trompadas. La visión primaria de que el liderazgo es validado convirtiéndote en “macho alfa” de una manada, y no mostrando autocontrol, racionalidad y cultura.

Es, además, la legitimación de la política del show, completamente vaciada. Ahora no solo tenemos la amenaza de los candidatos corruptos, sino la de aquellos que buscan envenenar el discurso social con puestas en escena.

Podemos estar ingresando a la era del 5G pero el pueblo sigue cayendo ante el pan y el circo, como en Roma hace miles de años. Si a ese instinto natural de las masas le agregamos una dosis grande de ignorancia y una pizca potente de frus­tración social, tenemos un cóctel letal.

Es también necesario hacer una autocrítica respecto de cómo los medios tradicionales y alternativos abordan estos incidentes, que no aportan nada, pero que son magnificados por rating, clicks o likes.

Nadie pide que no se reporten, pero sería deseable establecer claramente que son la antítesis del camino que como país necesitamos. No limitarnos a transmitir el “freak show” como si se tratara de un deporte inocuo, porque eso estimula que todos quieran su lugar en el circo.

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