Compraventa digital: Reglas de un horizonte infinito y cercano

César Benítez – Abogado
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Compramos, vendemos, arrendamos y pedimos préstamos mirando pantallas y digitando. Así, cada vez más, los medios electrónicos son el mercado, en el mundo, en Paraguay y en tu barrio. Y, como esos “clics” nos permiten el intercambio comercial a distancia, más y mejores negocios aparecen en el horizonte, que siempre está a menos de un metro de distancia, al alcance de la mano. Las tecnologías de información y comunicación (TIC) son actualmente las grandes aliadas de los empresarios. Su particularidad esencial es que permiten concretar transacciones comerciales sin que los clientes se encuentren personalmente en las instalaciones de la empresa ofertante. La presencia física ya no es imprescindible o siquiera necesaria en buena parte de los intercambios.

Hoy, cuatro de cada diez paraguayos compran vía internet. Y eso cada día se hace más común. Según una encuesta realizada por la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (DGEEC), actualmente el 65% de la población del Paraguay tiene acceso a Internet (3.632.000 personas), asimismo otro dato relevante que arrojó la encuesta es que el 38,4 % de los encuestados (1.394.688 personas), manifestó que generalmente utiliza internet para adquirir bienes y servicios.

Virtual, con reglas reales 

Es evidente que el comercio electrónico es el nuevo campo comercial en el cual se decidirá, en gran medida, el éxito o fracaso de las empresas. Aquellas empresas paraguayas que empiecen ahora mismo a incursionar comercialmente dentro del mundo digital, tienen más oportunidades de afianzarse en ese mercado.

La relación a distancia entre las empresas y sus clientes, supone nuevos deberes legales para las empresas. Las plataformas de comercialización digital exigen a las compañías ajustarse ciertos deberes y normas para no infringir los derechos de sus clientes. Los usuarios están protegidos en su condición de consumidores y los deberes de las empresas se encuentran en la ley 4868/13 “Comercio Electrónico”, la cual complementa a la ley 1334/98 “De Defensa del Consumidor y el Usuario”.

Entre otros, estos deberes pueden resumirse en que:

  • La empresa debe ofrecer información más exhaustiva sobre los datos que permitan identificarla con facilidad, como así también sobre los datos relativos a la naturaleza y características los bienes y servicios objeto de la transacción electrónica. Asimismo, resulta imperativo que la empresa actualice constantemente la plataforma digital a través de la cual expone sus ofertas, esto a modo de evitar la provisión de información incorrecta a los clientes;
  • La empresa debe poseer una política de privacidad que garantice la seguridad de los datos personales de sus clientes;
  • La empresa debe establecer un mecanismo que posibilite que el cliente otorgue su confirmación expresa de la decisión de efectuar la transacción comercial, esto a los efectos de que el silencio del cliente no sea considerado como consentimiento;
  • La empresa debe hacerse responsable por la pérdida del producto objeto de la transacción electrónica, estableciendo de forma clara, el modo, plazo y condiciones en la que se hace efectiva dicha responsabilidad;
  • La empresa debe otorgar al cliente la posibilidad retractarse de la transacción comercial, estableciendo las reglas aplicables en caso de que se deba realizar la devolución del pago realizado por el cliente.

Además, por cierto, todos los deberes enunciados deben constar claramente en un contrato que debe estar a disposición de los clientes en la plataforma que se utiliza para las transacciones electrónicas.

Los confiables son los competentes 

El cumplimiento de estos deberes previene los reclamos indebidos promovidos por los consumidores y, aún más importante,
mejora notablemente su experiencia de compra. La tendencia a reiterar las compras aumenta, ya que la transparencia en el vínculo es altamente valorada por los clientes. La construcción de la confianza resulta en la mejora del nivel de competitividad de la compañía y esa, hoy más que nunca, es la principal razón de la supervivencia empresarial.

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