En qué se parecen CFK y HC

Por Victor Raúl Benítez @victoraulb

Tengo una idea. Y tiene que ver con juegos de semejanzas y diferencias. El encabezado contiene una identidad. Para completar el cuadro, agregaré más abajo una discrepancia. Vamos a ir analizando en ritmo de adivinanzas. Mentes primitivas, como la mía, sólo funcionan comparando hechos, personas o cosas. Si quieren saber en qué se parecen Cristina Fernández de Kirchner-CFK y Horacio Cartes-HC, van a tener que sufrirme hasta el final del artículo. Por de pronto, para entrenar la mente en cuestiones símiles y disímiles, agrego temas adicionales, con los cuales voy a comenzar. Estamos en la semana del ¨Día del Niño¨, por lo tanto, podemos darnos lujos lúdicos.

En primer lugar, en qué se parecen los seguidores de Mario Abdo Benítez (adversarios de Cartes) con los enemigos de Napoleón. En que ambos, han ido cambiando sus apreciaciones sobre el ¨odiado adversario¨, a medida que el mismo iba ganando poder, en medio de las circunstancias. Inclusive, hasta le delegan el bastón de mando al oponente, para poder seguir sobreviviendo. El esquema de sobrevivencia funciona así: unos reinan, pero no gobierna y otros gobiernan, pero no reinan. Esta semejanza me la inspiró un artículo del sitio Perfil de Argentina, firmado por Jorge Fontevecchia. El periodista se asombra por el cambio de postura de empresarios y actores políticos argentinos, que de pronto se ponen a alabar a los peronistas ganadores, a los que hace pocas semanas denostaban con todas sus fuerzas. Nos recuerda que cuando Napoleón se fugó de su cárcel en la isla de Elba y comenzó su marcha hacia París, El Constitucional, principal diario francés de la época, tituló lo siguiente: ¨El sanguinario ogro ha abandonado su guarida¨.


Al ver que Napoleón rejuntó a su ejército el encabezado era ¨Bonaparte camina hacia París¨. Finalmente, en la víspera de la entrada triunfal en París, con sus cabezas en juego, el dueño del diario y los adversarios del corso, pusieron en tapa: ¨Su Majestad Imperial ha llegado a la capital de sus Estados¨.

Todos pueden cambiar de opinión, como se ve en los casos de Napoleón y Cartes. El ejemplo napoleónico (salvando las magnitudes entre ambos; aunque, ojo, hay también un parecido, que no les voy a contar), puede servir de consuelo a quienes hoy alaban la magnanimidad del expresidente – también un ¨pequeño gigante¨ a quien, durante la campaña electoral, le habían dedicado discursos cargados de rencor.

En la primera escena se afirmaba que ¨nadie iba a abrazarse con un contrabandista¨. En la segunda escena se oye: ¨hoy yo le digo a Cartes, Cartes, se acabó el poder de Cartes en la Rca. del Paraguay. Por más plata que tenga, por más plata que tire, no le va a comprar la dignidad al pueblo colorado y al pueblo paraguayo¨. En el acto final, los que vitoreaban este tipo de discursos, seguidores ¨añeteté¨ afirmaban que el Sr. Presidente había llamado a Cartes a agradecerle por la magnanimidad que tuvo para con su persona.

En tercer lugar, en qué se parecen Cristina Fernandez de Kirchner y Horacio Cartes. El tema tan esperado, que encabeza el presente artículo. Según afirmaciones del Sr. Presidente, dirigidas al ¨eterno¨ candidato de la oposición Efraín Alegre, nadie debe pretender acceder al poder por medio de un juicio político.

Tiene su parte de realidad. Y nadie puede llegar a la presidencia de la república, aprovechándose de la debilidad del otro en un escenario económico desfavorable. Tampoco nadie debe querer ejercer el ¨poder real¨ sin haber sido votado mayoritariamente por la ciudadanía, específicamente para el cargo en cuestión.

Yo agregaría, uno puede ser votado para cualquier cargo, por ejemplo, para senador o para vicepresidente, pero no para la presidencia de la República. En otras palabras, nadie debe disfrazarse de una cosa para ser otra. En pocas palabras, a modo de conclusión: nadie puede llegar al poder real en una república, por medio de mañas. Creo que ahora ya puedo dejar a los lectores que encuentren las diferencias, y sobre todo, las semejanzas entre CFK y HC. Y así, no da gusto.

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