La nueva era de paisajes productivos

No ha sido fácil llegar a esta etapa. Muchos prejuicios han jalonado este camino dedicado a asegurar alimentos confiables para la humanidad.

Cuando den las doce cam­panadas de medianoche, el 31 de diciembre próximo habitarán el mundo 7.560 millones de personas. Este inmenso mar de seres humanos habrá llevado a niveles nunca antes vistos la demanda de espacio, vivienda, trabajo, atención de la salud, servicios bási­cos y… comida, sobre todo, comida.

Hace más de tres décadas que ha quedado claro que con los métodos tradicionales de cultivo de alimentos y de cría de animales de consumo ya no alcanza. La agricultura lineal, la que iniciamos en el último periodo del neolítico (hace unos 8.000 años), ha dejado de ser eficiente para cubrir las crecientes necesidades de alimentos, al menos, si no queremos convertir las superficies cultivables del planeta en enormes desiertos.

El concepto de sustentabilidad ha dejado de ser un esnobismo para incorporarse al vocabu­lario diario del productor moderno y consciente de sus responsabilidades. La siembra directa (SD) con cobertura y rotación de cultivos, en fructífera alianza con abonos verdes, está demostrando su eficacia y que, junto a la biotecnología, está logran­do rindes nunca antes vistos. Donde antes una hectárea de trigo daba entre 750 y 1.000 kilos, hoy entrega 4.000. Los rindes del maíz, el mágico grano americano, superan los 10.000 kilos por hec­tárea y la soja, fácilmente los 3.000. Hoy, la siembra directa tiene dos socios inmediatos: la ganadería y la silvicultura. Este trío productivo ha abierto una nueva era de paisajes ver­des, productivos y susten­tables como nunca antes.

No ha sido fácil llegar a esta etapa. Muchos prejuicios han jalonado –y siguen haciéndolo-este camino destinado a asegurar alimentos confiables para la huma­nidad. Antes de condenar, pensemos cómo dar de comer, en un par de años, a 8.000 millones de seres humanos.

También podría gustarte