Se salvó el Juicio Político, pero no se salvó el Juicio Ciudadano

Victor Raúl Benítez González – @victoraulb
Presidente del Club de Ideas
Profesor de la Fundación Getulio Vargas – Brasil

Tengo una idea. Nuestra reputación nos sobrevive porque no es parte de nosotros, la hacen los otros, y por eso ellos tienen poder sobre nosotros. Ahora bien: ¿por qué la reputación y el Juicio nos incomodan? Porque les pertenece a los otros. Ellos son los que por medio de la reputación que nos otorgan, repito, más aún con las redes sociales, tienen el poder sobre nosotros. De eso se trata la democracia. El poder de los demás sobre los mandatarios. Esta es una máxima que todo gobierno nacional debería respetar. Un joven abogado acaba de erosionar el capital político a los dos máximos exponentes del Poder Ejecutivo, que por poco les hace perder el poder. El Presidente y el Vicepresidente, por ahora, se han salvado del juicio político. Y continúan en el poder formal. Pero desde el punto de vista del poder real, penden de un hilo. Más aún en el Paraguay. Ambos no se han salvado del Juicio Ciudadano.

Al poder dar una contraorden, para eliminar el Punto 6 del acta del juicio, modificando una instrucción que ¨si es por el bien de la nación¨ debía mantenerse, que había sido dada por el mismísimo presidente del Paraguay, al ex presidente de la ANDE – el abogado José Rodríguez González, puso en peligro la estabilidad de la República. En declaraciones nada convincentes al programa LA LUPA, el sábado 3 de agosto por la mañana, este personaje sólo atinó a decir que, si tuvo algún error, el mismo ¨sólo¨ se limitó al hecho de haber hablado en nombre y representación del Presidente y del Vicepresidente. En gobiernos como aquel para el cual trabajaba el padre del actual Presidente, este tipo de ¨pequeños errores¨ tenía consecuencias fatales, conforme al protocolo del dictador. Por lo tanto, el Sr. Presidente sabe por experiencia propia, la magnitud del error del ¨millennial¨. Ni hablar de situaciones históricas con el Brasil, en las cuales el Sr. Presidente se puede inspirar, donde el fundador de la ANR también sabía, por experiencia propia, lo que podía pasarle a quien atinaba a ¨desafiar¨ una orden del Mariscal. Por lo tanto, el Sr. Presidente no puede dejar sin consecuencias este tipo de actuaciones, que conspiran contra su propia reputación. Hagamos la aclaración, estamos en democracia, donde rige el imperio de la ley, todo dentro del marco del Estado de derecho.

Casio: ¡Reputación, reputación! Oh!… he perdido mi reputación. He perdido la parte inmortal de mi ser, y lo que me resta es bestia. Yago: tan cierto como soy hombre honrado, creí que habíais recibido alguna herida corporal…. La reputación es un prejuicio inútil que se adquiere sin mérito y se pierde sin razón…

Siempre que la gente interactúa produce cadenas de información que se extienden a lo largo de sus círculos sociales. El Presidente de la República debe entender que en estos momentos su reputación está en un serio riesgo. La opinión pública es la que evalúa la ¨reputación¨, como experiencia indirecta. Es un dispositivo que nos ahorra trabajo y que nos permite sondear a las personas antes de negociar con ellas o votarlas para que nos gobiernen. No hace falta conocer a todo el mundo, sólo hace falta conocer su reputación. La reputación no solo informa sobre el comportamiento de alguien, también lo constituye. La posibilidad de que la manera como otros nos traten en el futuro dependa de lo que ahora hagamos, anula los beneficios que la simulación y la trampa podrían brindar a corto plazo. Por lo tanto, si el Presidente y sobre todo el Vicepresidente han simulado o mentido, esa maña, con el correr del tiempo – tarde o temprano, más temprano que tarde – tenderá a desaparecer. Para evitar el Juicio, vivimos, sin darnos cuenta o sin quererlo, haciéndole publicidad a nuestras virtudes, ocultando nuestros vicios y develando las habilidades e intenciones de los otros. Es lo que hizo el Presidente en su mensaje a la Nación, lo que intentó hacer el Vicepresidente en su comparecencia ante los diputados, y lo que simuló el abogado Rodríguez.

El hombre es el lobo del hombre, dice T. Hobbes. Sin embargo, es posible que la ¨reputación¨ sea capaz de convertir una manada de animales egoístas, fanfarrones, chismosos, sentenciosos y vengativos, tal cual es la naturaleza humana, en una agrupación de seres humanos altruistas, generosos, colaborativos y abnegados. Es lo que le falta al Paraguay para poder negociar con el Brasil en mejores condiciones. William Ury, que trabajó en el método de negociación de Harvard, dice, que para poder negociar con los demás, primero debes hacer una negociación contigo mismo; en un caso internacional, un acuerdo interno nacional que no admite a traidores.

El Juicio Ciudadano o la reputación no es, o no debería ser, sólo una forma de estimular las buenas obras, también es una forma de prevenir las malas. La reputación que construye el Juicio Ciudadano, ha dejado sus huellas en nuestros cerebros, nuestra lengua, nuestras emociones, creencias, nuestra moral, nuestros mejores y peores instintos. El estudio de la influencia de la reputación que conforma el juicio ciudadano tiene que ver con la biología evolutiva, la psicología, la neurociencia, las ciencias naturales y sociales. Por supuesto, la psicología, la sociología y la psicología social.

Las aves, los peces, los simios y los insectos, les prestan mucha atención a sus congéneres y luego utilizan esa información para modelar su propio comportamiento. Por ejemplo, la ciudadanía paraguaya, a veces denigrada injustamente por los políticos, o justamente por sí misma, a la categoría de ¨idiota¨ (en su significado griego), debería prestar atención, y ya la está prestando, al comportamiento repetitivo de sus gobernantes, identificados en partidos y grupos políticos. Estos mandatarios, con su comportamiento habitual, están ayudando al ciudadano, a conformar la manera en que el mismo va a tratarlos en el futuro. Por ejemplo, en las próximas elecciones. A partir de ahora, el Vice y el Presidente de la República comenzarán a vivir, lo que el filósofo Robert Axelrod llama, la ¨sombra del futuro¨. El Juicio Ciudadano otorga un ¨veredicto¨ basado en la opinión pública. Y todo juicio exige una sentencia. Aparentemente, la del Juicio Ciudadano ya está dada. Y puede repetirse en un Juicio Político, todavía latente. Eso significaría una gran crisis para la República, justo ahora que la economía está desacelerada. Y así, no da gusto.

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