Alguien tiene que pagar la fiesta

La Administración Nacional de Navegación y Puertos es el paradigma por excelencia de la irracionalidad administrativa estatal".

La Administración Nacional de Navegación y Puertos (ANNP) es el para­digma por excelencia de la irracionalidad administra­tiva estatal. Se trata de una de las reparticiones más ineficientes de la operato­ria pública pero con poder absoluto para impactar so­bre el comercio exterior, el aparato cardiocirculatorio de la economía nacional.

Este paquidermo ante­diluviano –por lo pesado e insostenible- tiene potestad para tarifar las cargas en tránsito a puer­tos interiores, que de US$ 40 que venían costando pasaron abruptamente a US$ 100. Tarifa es el monto que se cobra por prestar un servicio. Ahí, en eso del “servicio”, es en donde todo se desbarranca cuan­do hablamos del Estado. La cámara que agrupa a las empresas afectadas emitió un comunicado enume­rando la descomunal ineficiencia de la ANNP en su rol específico: adminis­trar el tránsito comercial. Al aumentar 150% el costo de un servicio más que discutible no sólo traiciona su carta orgánica sino que se convierte en un obstáculo para el libre flujo de la economía que afronta un año de dura retracción.

Mientras tanto, la propia entidad derrocha como si no hubiera recesión. Mantiene 8 puertos inactivos en el exterior con empleados que cuestan al año Gs. 400 millones.

El expresidente de Dipu­tados logró empotrar en el ente 70 recomendados que lo desangran con Gs. 2.500 millones en salarios. La Contraloría General ha de­tectado miles empleados que no asisten y cobran, otros que se retiran con espléndidos haberes sin contraprestación de servicios además de un sinnúmero de erogaciones sin registro alguno.

Está claro que con se­mejante desbarajuste administrativo, ningún dinero alcanza.

Por eso el aumento, para pagar la fiesta. Costo que recae, naturalmente, sobre las víctimas de siempre.

¿No era que el Gobierno tenía un compromi­so con la gente?

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