Coyuntura económica: Impacto en las organizaciones y sus colaboradores

Elaborado por 
Silvia Fretes Carmagnola
[email protected]

 

 

 

Todos conocemos y hablamos de la situación económica vivida hoy en nuestro país. Expresiones como: “Este año está durísimo”, “X empresa ya desvinculó a xx número de empleados”, “La economía no reacciona”, “Estamos recortando todo lo que podemos” nos bombardean en todos los ambientes, no solamente laborales sino familiares, de amigos y hasta en la calle. Pero… ¿identificamos todas las aristas del impacto que esto pudiera generar?  

Según la Organización Mundial de la Salud, los trastornos por depresión y por ansiedad cuestan a la economía mundial US$ 1 billón anual en pérdida de productividad. Se reconoce al desempleo como un factor de riesgo de problemas mentales y al empleo como un potencial productor de efecto protector.

Uno pudiera creer que estos son temas muy extremos para incluir en el análisis sobre el impacto de la situación económica a nivel país, pero lógicamente, esto afecta a nivel individual y, cada quien, de acuerdo a sus posibilidades, va canalizando lo mejor que puede todo el estrés y frustración que experimenta, muchas veces no lográndolo como quisiera.

Vinculaciones directas.

Podemos citar infinidad de vinculaciones entre situación económica poco dinámica y el bienestar de los colaboradores, algunas pueden reconocerse solo en niveles más operativos de la organización, otras incluso en altos ejecutivos. A continuación, presentamos las más importantes, desde nuestra experiencia profesional:

  • Falta de control y certidumbre: vivir con la idea de no saber si perderá el empleo (o su cónyuge) en cualquier momento. O simplemente, la pérdida de control sobre las decisiones que irá tomando la organización o la falta de adaptación a continuos y drásticos cambios.
  • Pérdida de capacidad adquisitiva: el tener que ajustarse los cinturones resulta difícil, y, mantener las conversaciones claves a nivel familiar para que esto suceda es a veces más difícil y no siempre se dan.
  • Agobio por deudas: cuando el colaborador no tiene paz para trabajar, debido a que tiene innumerables acreedores que le llaman, le persiguen y atormentan, buscando que se regularicen deudas y morosidades.
  • Problemas familiares colaterales: quizás el colaborador tenga trabajo estable pero su núcleo familiar esté afectado por el desempleo, escasez, etc. Tratando de realizar malabarismos para que la familia sea preservada, esto ocupa un lugar importante, generando tensión y crispación.
  • Nuevas exigencias laborales, exceso de trabajo, objetivos cambiantes, los cuales parecieran inalcanzables, tipo de supervisión o liderazgo inadecuado.
  • Ambiente social negativo: desde el tráfico que parece una zona de guerra hasta la persistente negatividad que llega por todos los medios: personas, tv, radio, otros. Esto hace que aumente la percepción de: “estamos mal”

Llamadas de atención a considerar.

Así como la felicidad no puede ser identificada como tal, sino pueden ser identificados momentos, conductas o actos felices, de igual manera, ocurre con las manifestaciones del impacto de una crisis económica en nuestros colaboradores. A continuación, se mencionan algunos ejemplos:

  • Irritabilidad o angustia
  • Falta de concentración
  • Dificultad para la toma de decisiones
  • Cansancio extremo
  • Dificultades para dormir
  • Ataques de pánico
  • Manifestaciones físicas como: problemas digestivos, presión alta, dolor de cabeza, enfermedades recurrentes a causa de defensas bajas. 

Efectos en las organizaciones.

A partir de las llamadas de atención a nivel de colaboradores, también existen potenciales efectos en las organizaciones. Nos centraremos en los relacionados a la parte “soft”, es decir, a las personas:

  • Clima laboral deteriorado
  • Baja productividad
  • Mayor rotación
  • Ausencias reiteradas de los colaboradores
  • Aumento de tasa de accidentes laborales
  • Aumento de demandas laborales o acciones legales por parte de colaboradores
  • Quejas de clientes

Entonces, ¿qué hacemos?

Ya sea que uno analice con lentes de colaborador o de organización, el camino debería ser el mismo:

 

  1. Reconocer: la negación no es la fórmula. Reconocer que existe una coyuntura específica y que eso impacta en las personas y en las organizaciones, es el puntapié inicial para llevar al plano consciente y desde allí tomar acciones.
  2. Evaluar: identificar si existen llamadas de atención o síntomas. No se busca dramatizar, solo prestar atención, evaluar y registrar, para luego seguir con pasos 3 y 4 (ideal ambos).
  3. Prevenir: aunque no existan signos aparentes, tomar acciones preventivas ayudará a que el trabajo y los resultados fluyan mejor.
  4. Gestionar: Primero responder: ¿guarda relación con la coyuntura económica general o guarda relación con otras causales puntuales de una persona en particular? En cualquiera de los escenarios, el plan de acción deberá ser formulado artesanalmente, sin recetas mágicas, sino atendiendo la naturaleza, magnitud, recurrencia de lo encontrado y también del tipo de persona o cultura organizacional a incluir en el alcance.

Ideas como implementación de políticas para una adecuada integración entre vida laboral y personal, alimentación saludable, rutina de ejercicios, buscar ayuda médica y psicológica, refinanciación de deudas ante entidades, conversaciones permanentes y francas con el equipo de trabajo, capacitación sobre habilidades blandas, pudieran ser alternativas que busquen garantizar el bienestar de las personas y los resultados organizacionales.

 

También podría gustarte