De tamaños y respetos

POR CRISTIAN NIELSEN

Quieren imponer por ley el “día de las personas de talla baja”…

 

“Preferible chiquito y juguetón que grandote y tavyron”.

Los vastos alcances y aplicaciones socioculturales de este aforismo me relevan de explicar el aforismo. Pero sirve para introducir la penúltima “portilleada” (neologismo acuñado en el ambiente parlamentario) consistente en consagrar por ley el 25 de octubre “día nacional de las personas con talla baja”. Lo de siempre, creer que el respeto se gana por ley. Si fuera así, con sacar una que prohíba hablar de políticos corruptos, funcionarios deshonestos o fortunas mal habidas, los ladrones públicos estarían a salvo.

Hoy no se podría hablar ni en broma del “día del carapeto”, apelativo más coloquial y amigable que el galimatías académico del proyecto porque nos caerían con demandas por discriminación.

Yo he tenido amigos petisos a lo largo de toda mi vida. Y ha habido de todo entre ellos: graciosos, indiferentes, mediocres, creativos, envidiosos, agrandados o líderes natos. En la terraza del antiguo Instituto de Ciencias ví a un camarada “de talla baja” (copyright Portillo) propinarle una merecida paliza a un alemanoide agrandado y presuntuoso. Un verdadero “street fighter” que no esperó una ley para hacerse respetar.

Sobresalir, literal o metafóricamente, no es cuestión de metraje. Alan Ladd, uno de los primeros “muchachitos” de Hollywood, medía 1,68 lo que para un héroe tipo Randolph Scott o John Wayne era casi enanismo. Rodaba sólo con actores más bajos que él y aún así, su inexpresividad lo retuvo en la medianía. En cambio Dany de Vito (1,52) no dudó en filmar junto a Penélope Ann Miller (1,70) un éxito de taquilla como “El dinero de otros”. Una “anti pareja” genial.

El respeto se gana, se merece o se impone con talento, personalidad y decencia.

Dedíquese a otros temas, honorable. El que eligió esta vez da pena.

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