Humildad

Una actitud a la que muchos paraguayos solemos destacar todo el tiempo sin entender muy bien de qué se trata.

Por Juan Torres | Periodista | Política

 

Casi como elemento definitorio de identidad, el paraguayo fue construyendo el relato de su “humildad” contrapuesto al de la “arrogancia” porteña y al del “imperialismo” brasileño. Una forma de hacer más llevaderas las injusticias y dificultades que hemos tenido que enfrentar a lo largo de nuestra historia por distintas razones: desde geográficas hasta políticas y sociales.

 

Durante décadas o siglos se fue acumulando cierto rencor -en algunos casos entendible- que nos hizo adoptar una actitud compleja hacia lo foráneo. O estamos muy a la defensiva exaltando un patriotismo casi de guerra o nos dejamos seducir por cualquiera que tome tereré o se ponga la albirroja.

 

No en todos los casos, pero muchas veces sí, confundimos a la humildad con una timidez e inseguridad gigantes. Y como nos “pichan” aquellos que no son ni tímidos ni inseguros, nos defendemos poniéndoles la etiqueta de arrogantes. En el fondo, muchos quisieran ser como ellos, pero no tienen las herramientas o, peor aún, no se animan a serlo.

 

Ser libres y estar cómodos en la propia piel, sobre todo si se sale del rebaño uniformado de las masas, es algo que puede generar en Paraguay una gran envidia reprimida, pero hacia afuera se ataca. ¿Cómo puede alguien atreverse a tener la personalidad suficiente para decir y hacer lo que le venga en ganas?

 

En el otro extremo están aquellos que pretenden mostrarse avasallantes al límite de la agresión o la burla con cualquier extranjero. Esos buscan disimular un enorme complejo de inferioridad histórico del que tenemos que empezar a hablar y hacernos cargo para empezar a enterrarlo. Porque el contexto actual y el lugar en el cual estamos parados como país es diferente.

 

Un holandés jamás padecería ese complejo con un alemán o un suizo con un francés. Todo lo contrario. Saben que son países más pequeños y con menos peso en Europa o el mundo pero se sienten orgullosos de que, en general, tienen una sociedad aún más rica y con mayor calidad de vida que la de sus grandes vecinos. Eso es lo que realmente importa. Y nuestro país tiene todo para hacernos sentir alguna vez ese mismo orgullo en la región, una vez superados los traumas del pasado.

 

Los paraguayos podemos aprender a ser seguros, asertivos y extrovertidos sin necesidad de perder esa sobriedad y mesura que siempre tuvimos. De hecho, en las nuevas generaciones el cambio ya es evidente.

 

Pero, sobre todo, es necesario entender que más que “ternura” lo que debemos inspirar como nación es respeto. Y eso se gana siendo un país serio, próspero y con una ciudadanía educada. En el mundo no nos van a tener en cuenta por ser “humildes”.

 

📷 Goli Colombino

 

 

 

 

 

 

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