La felicidad fingida

Por JHOJHANNI FIORINI
@jhojhanni

Podemos fingir ser felices o apagar el celular un momento y vivir.

En la última década hemos sido partícipes de una transformación brutal de la manera en que nos comunicamos y de la forma en la que percibimos nuestro entorno. Las redes sociales cambiaron drásticamente la manera en la que vemos el mundo.

Facebook fue quizás una de las más hábiles en instalar el concepto de status social basado en cantidad de amigos e interacciones con estos. Luego llegaron otras apps como Twitter e Instagram. Ésta última coronándose como la más superficial. A nadie escapa que lo que uno ve en las redes no es necesariamente la vida real del dueño de ese perfil. Sin embargo, ¿somos conscientes de hasta qué punto somos esclavos de los “likes”?

¿Qué estamos dispuestos a hacer con tal de aumentar nuestros seguidores o interacciones? ¿Realmente vivimos las experiencias que compartimos en redes o estamos más pendientes de compartir las fotos? Paraguay ocupa uno de los primeros lugares en la región en cuanto a tiempo de uso de redes sociales. Un estudio realizado por la consultora CCR, indicaba que el 42% de las personas interactúa más de una hora al día en las redes.

¿Qué tan productivo es este tiempo al día que le dedicamos a mirar nuestras pan­ta-llas? Ese tiempo también podríamos uti­lizarlo para aprender un idioma, leer un libro, hacer ejercicio, realizar un curso online, o incluso conversar cara a cara con otra per­sona. Esto último ha sido extremadamente descuidado en los últimos años, solo basta ver la cantidad de tiempo que mensajeamos con los amigos en contrapartida con el tiem­po en el que realmente estamos con ellos.

Es utópico o incluso absurdo pensar en que estos sistemas de comunicación mermarán su preponderancia con el tiempo o que inc­luso desaparecerán de nuestras vidas. Pero está en nosotros decidir que poder le damos a estas herramientas para trasformar nuestras vidas. Podemos fingir ser felices o apagar el celular un momento y vivir.

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