Mitos y realidades de los biocombustibles

La perspectiva muy concreta de tener a corto plazo una producción masiva, sostenida y económicamente viable de biodiesel a partir de materia prima paraguaya, viene a romper el viejo mito de que los combustibles renovables en el Paraguay son demasiado caros y de efectos insignificantes en la economía.

A partir del mito, sustentado por fuertes intereses económicos, mantenemos una matriz energética antigua y de fuerte impacto ambiental. Además, en 2018 gastamos en combustibles derivados de hidrocarburos US$ 1.630 millones, el 28% del total de nuestras importaciones de ese año.

La pregunta es: ¿Por qué no hemos podido llevar adelante una política consistente y sostenida de biocombustibles? ¿Por qué ahora una empresa se instala en el país para producirlo a partir de 2022 con el mercado europeo como principal destino? Es cierto, los europeos llevan ventaja en este negocio del que son pioneros, junto con EE.UU. Un estudio reciente de la FAO estima que “la producción mundial de biodiésel llegará a 40 millones de metros cúbicos para 2026, lo que equivale a un aumento de 12% con respecto al nivel de 2016”. Y remarca lo siguiente: “Más que las fuerzas del mercado, la política seguirá influyendo en los patrones de producción. Se estima que la Unión Europea permanezca como el productor más importante de biodiésel, por un gran margen”. ¿Se entiende, verdad? Adoptar un patrón de consumo de combustibles renovables es una decisión política.

Por aquí, seguimos con el gasoil y la nafta, lo cual nos revela a las claras que el lobby de los grandes carteles de los hidrocarburos sigue teniendo un peso enorme a la hora de tomar decisiones. Y hasta ahora, no hay indicio alguno de que esta irracionalidad vaya a cambiar alguna vez.

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