El circulante

¿Qué modelo económico queremos? ¿El de desarrollo o el de subsistencia?

SAMUEL ACOSTA
@acostasamu
PERIODISTA

Decir que este es un año difícil sería repetir lo mismo que se ha dicho desde enero; pero cómo se refleja esto en el real y cotidiano vivir de la gente de clase media o baja; los números de la Dirección de Estadísticas Encues­tas y Censos (DGEEC) nos dan una imagen reveladora de la situación.

La población total ocupada asciende a 3,3 millones, mientras que, aquellos

que no están ocupados suman 224.266 personas y representan el 6,2% de ese total. En un año marca­do por la recesión económica era de esperar que la desocupación sufra un incremento tal y como ocurrió.

Pero no solo se observaron problemas para acceder o para mantener los puestos de empleo, también el ingreso prome­dio cayó en casi un 6%, ubicándose actualmente en G. 2.444.500 al mes. A priori, uno podría pensar que con una inflación en niveles acumulados de solo 2% ese impacto en el bolsillo sería ínfimo, sin embargo, la queja recurrente por el costo de vida se sustenta al desagregar la variación de los precios de la canasta fa­miliar. Donde se observaron que aquellos bienes alimenticios de primera necesidad (carnes, frutas y verduras) aumentaron su precio de 5% y hasta un 10%.

Sume ahora que del total de los que están ocupados en algún tipo de actividad económica, casi unas 600 mil personas perciben ingresos que son inferiores al salario mínimo legal y que estos se concentran en su mayoría en el campo donde la gente, para sobrevivir el mes, gana apenas unos G. 1.700.000.

Esta es una fotografía de la realidad que nos debe empujar a reflexionar sobre qué modelo económico estamos con­struyendo. Uno que empuja hacia una mejora constante en la calidad de vida de sus ciudadanos, o que promueve la simple subsistencia, donde la actividad económica se desarrolla con la única proyección a futuro de lograr conseguir algo para llevarse a la boca al final del día.

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