Materia eliminada

¿Para qué le sirve trigonometría a un ingeniero?

Sin ir más lejos
CRISTIAN NIELSEN

Se llama “tirar el agua de la bañera con el niño adentro”. Para qué bus­car una solución sutil cuando se puede arreglar todo a lo bruto.

El episodio de la Academia Diplomática me trae a la memoria materias que existían en la secundaria de antes y que hoy han quedado diluidas dentro de esa gran bolsa llamada reforma. O desaparecido.

Antes nos enseñaban latín. Personalmente, fui una nulidad en esa noble “lengua muer­ta”, que de muerta no tiene nada porque está incrustada en un montón de idiomas con los uno se tropieza a cada paso, con cada lectura. Cosmografía debió haber sido una asignatura apasionante pero a mí me tocó un profesor que nos hacía aprender de memoria eso del acimut y del horizonte aparente en lugar de contarla como hacía Carl Sagan, el astrónomo que abrió las puertas del universo a audiencias maravilladas.

En cambio, el profesor de geografía nos asombraba con relatos de las prácticas funerarias de los swahili o de la sorpren­dente arquitectura de Angkor Wat, la capital del misterioso reino khmer. La superficie de Anatolia podíamos olvidarla. Era un maestro, no sólo un profesor.

¿Se aplazaron todos los estudiantes de geografía económica de la Academia Diplomática? No debe ser algo casual, sino causal. Imaginemos a uno de esos muñecos intentando definir el “capitalismo renano” navegando a ciegas entre los míseros conocimientos que le dejó el colegio.

Recogemos lo que sembramos. Tal vez la vieja escuela haya tenido montones de defectos pero en ella podíamos abrevar en fuentes de sabiduría ignora­das por las nuevas generaciones.

Ah, y un aplazo era sólo una demora en el año académico y un acicate para superarse.

No hay que estigmatizar al alumno se dice hoy. ¿Fracasó en trigo­nometría? Materia eliminada. Para qué diablos le sirve a un ingeniero.

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