Productividad, concepto ausente en el Estado

Una empresa no tiene futuro si desconoce un factor esencial, la productividad. En el sector público ese concepto es desechable".

El interrogante no tendría sentido si antes no dijéra­mos que en el Paraguay –y en muchos países de la región, no nos engañemos-los sinsentidos son mucho más frecuentes de lo que imaginamos: ¿Se crea una empresa para emplear gente… o para producir riqueza que, como parte del proceso, genera em­pleo? En el sector privado, el interrogante no tiene sentido alguno. No así en el público, en donde hay oficinas enteras que son verdaderas entelequias, es decir, entes que tienen en sí mismos el principio de su acción y su fin, no el de prestar algún servicio al ciudadano.

Esta flagrante diferencia se comprueba en las empre­sas públicas, muchas de las cuales siguen existien­do sólo porque reciben masivas inyecciones de dinero del Tesoro.

Tomemos un caso tan patético que hasta duele tener que traerlo a colación con tanta frecuencia. CO­PACO, la telefónica estatal travestida en sociedad anónima jamás completa­da, opera en un mercado de altísima tecnología: telefonía móvil, internet, fibra óptica, televisión IP y, como decorativa pieza de museo, telefonía básica con un cablerío aéreo que avergonzaría al propio Graham Bell. Su clientela se ha estado achicando hasta límites insoste­nibles desde el punto de vista de los estados contables. Aún así, man­tiene 3.500 funcionarios (SFP, noviembre 2019) para atender a 160.000 usuarios, es decir, a razón de un funcionario por cada 45 usuarios. La operadora líder del sector privado emplea 4.500 personas para 3.300.000 usuarios, unos 750 por cada funcionario. ¿Se entiende, verdad?.

Una empresa privada no tiene futuro si desconoce un factor esencial, la productividad. En el sector público ese concepto es desechable. Ahí, un rojo contable se tapona con déficit, que puede estirarse hasta el infinito, como lo demostrará el PGN-2020.

Y que lo pague Mongo.

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