El costo de los monopolios estatales

La libre competencia deja en evidencia lo costosos que son los monopolios estatales: ineficientes, con desinversión y minados por la corrupción".

Datos suministrados por la Secretaría de Defensa del Consumidor (Sedeco) indican que entre los principales reclamos por servicios ineficientes figuran tres empresas del Estado: Ande, Essap y Copaco, dos de ellas, monopolios estatales. Y aquí vale la pena hacer algún despeje sobre las características de cada prestador denunciado.

A la cabeza de la lista marchan las empresas privadas de telefonía móvil que acaparan el 17% de las quejas de usuarios. Luego vienen las estatales que sumi­nistran energía eléctrica, agua potable, telefonía básica e internet.

En el caso de las operado­ras privadas de telefonía, su margen de maniobra no es muy amplio. Toda ineficiencia penaliza directamente sus már­genes de rentabilidad. El usuario se está acostum­brando a migrar de un prestador a otro, así que si la operadora no logra retenerlo, el descontento se pasa a otra divisa, proceso acentuado por una competencia que no da tregua.

En cambio, ¿cuál es la chance para el usuario de ANDE o de ESSAP? Ninguna. Pague primero y quéjese después es la consigna. O el servicio se corta, con costo de reconexión a cuenta del moroso. Como son empresas estatales, el déficit contable puede extenderse hasta el in­finito. El usuario paga y cuando esto no alcanza, está el papá Estado que pone la diferencia. Copa­co, un dinosaurio mori­bundo con funcionarios en aumento y clientes en caída, es un ejemplo de cómo una empresa pue­de subsistir en banca­rrota si el tesoro público viene en su auxilio.

Las reglas de la compe­tencia no garantizan el mejor de los mundos en servicios públicos, pero plantean escena­rios con alternativas para el usuario.

Y dejan en lastimosa evidencia lo costosos que son los monopolios en manos del Estado: ineficientes, con des­inversión y minados por la corrupción.

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