La economía urbana y los conflictos sociales

VICTOR RAÚL BENÍTEZ GONZÁLEZ
@victoraulb
PRESIDENTE DEL CLUB DE IDEAS
PROFESOR DE LA FUNDACIÓN GETULIO VARGAS

Tengo una idea. El año que viene se realizarán elecciones municipales, y a juzgar por la oferta política que comienza a vislumbrarse, no hay por qué entusiasmarse. Esto me resulta preocupante. La gente necesita nuevas épicas para responder al espíritu de la época, que exige cambios rupturistas. Los últimos conflictos que se vienen dando en Chile, Bolivia, Ecuador y Colombia, y las protestas callejeras que ya se han dado en Argentina, Brasil y en Paraguay, donde incluso se incendió un Congreso, son conflictos que tienen causas raíces, que deben buscarse también, por qué no, en un proceso de urbanización que no está dando los resultados esperados en términos de calidad de vida. Los habitantes de las ciudades están buscando nuevos desafíos aspiracionales, porque existe un hartazgo de las políticas públicas tradicionales.

Al final de cuentas, existen tres grandes fenómenos que acontecerán en los próximos años en el mundo en los aglomerados urbanos. Y los candidatos a intendentes no deben ignorar. El crecimiento exponencial de las ciudades, lo que significa que en metros cuadrados se duplicará la dimensión de las ciudades actuales en los próximos 20 años.

La inteligencia artificial que irrumpe en las ciudades compitiendo incluso con el poder político en la gestión de los centros urbanos. La desigualdad que viene mostrándose como un crecimiento agravado de las inequidades. Está visto: la cantidad de desigualdad que pueden soportar las democracias tienen límites.

La América Latina está signada por vientos que piden cambios. Son aires que han comenzado a soplar desde el sur al mundo entero. Se impone un imperativo que necesita entender que la economía no es un origen y un destino, sino que es solo un medio para realizar nuestros propósitos de bienestar colectivo.

Vayamos a un ejemplo. Toda Sudamérica es una de las regiones más urbanizadas del planeta, sin embargo, la urbanización que se ha acelerado en los últimos tiempos, y que es fuente de desarrollo en el hemisferio norte, no tiene los mismos resultados en Latinoamérica.

Pensemos sólo en el déficit habitacional, en la gente que no tiene casas. Ante la enorme deuda social en materia de viviendas que existe en toda América Latina en general, y en el Paraguay en particular, se hace imperiosa la necesidad de un pacto político, social, económico y financiero.

Para lo cual será necesario un proceso permanente de negociación, como un mecanismo dinámico y continuo, entre los diversos actores políticos, con la participación informada de la ciudadanía, para poder llegar a proyectos de viviendas sociales que disminuyan gradualmente el déficit habitacional.

Esto debería tener hitos, para consolidar credibilidad y acumular capital social, con la firma de documentos que den algún marco de formalidad a las negociaciones y avances posibles, en medio de los conflictos de intereses y voluntades, entre los organismos y hacedores de políticas públicas, la ciudadanía en democracia, los medios de comunicación, grupos de interés y grupos de presión.

La ciudad es un fenómeno político y social por sobre una concepción exclusivamente espacial. Existen varios intereses en juego. Por lo tanto, la compensación o mitigación de carencias habitacionales tampoco es un proceso aislado de ordenamiento físico o geográfico.

El déficit habitacional e infraestructural de las ciudades, representaría a las consecuencias de varios factores multidimensionales que conspiran contra el desarrollo económico, político y social, que, a su vez, determinan el desarrollo humano de la sociedad. Existen limitaciones en términos de políticas públicas. Las políticas públicas son todas las directrices y acciones que el Estado impulsa, hace – o deja de hacer – y que afecta los intereses y la calidad de vida de los ciudadanos.

Lo que el Estado deja de hacer, que afecta la persistencia de déficits infraestructurales, es también una política pública. Jordi Borja, el urbanista catalán, afirma que ¨el urbanismo es una dimensión de la política, como lo es la emisión de moneda, la seguridad ciudadana, la fiscalidad, las infraestructuras de comunicación, el abastecimiento de agua, la educación obligatoria, la sanidad pública, las fuerzas armadas, etcétera¨.

En su opinión, el urbanismo es primero ética y política. La política estatal es fundamental para transformar marcos legales, ejecutar planes de ordenamiento territorial, planes reguladores que establecen tipos, calidad y cantidad de metros cuadrados que pueden ser construidos en tales territorios, y, además, determina el precio y la productividad del suelo urbano.

Jordi Borja dice que ¨¨la ciudad actual es más proceso que estructura, por lo menos si se pretende entender para intervenir en ella. Es un flujo permanente que hay que orientar en un sentido o en otro. Hay que reconocer las tendencias en curso, siempre contradictorias, y decidir cuáles son las tendencias a frenar o a reducir y las que es preciso potenciar. Como en la cancha, el entrenador debe estar modificando los planteamientos y las colocaciones de los actores¨.

En esta perspectiva, los intendentes son gestores de la ciudad que deben actuar como estos entrenadores, para ir modificando los planteamientos y cambiar las colocaciones de los actores, dentro de una ciudad.

Como decía al iniciar este artículo, estamos en un momento previo al inicio del campeonato, las elecciones municipales dsel 2020, y no estamos viendo candidatos a directores técnicos capaces de modificar las reglas actuales del juego, en el proceso de construcción y gestión de aglomerados urbanos, menos aún, en materia de economía urbana.

Los intendentes del futuro deben dejar de ser solo recolectores de basura, ordenadores del tránsito o encargados del pavimento de calles y avenidas. Deben ser los gestores del PIB de las ciudades, en la búsqueda del mejoramiento de la calidad de vida de las poblaciones.

Como dijera Alonso Ayala, profesor de la Universidad de Rotterdam – Holanda, en conferencia dada en Buenos Aires, el 3 de julio de 2019: ¨la segregación espacial es como la proyección de las estructuras sociales en el espacio¨.

El problema es la desigualdad, y los administradores de las ciudades que no entiendan eso, deben prepararse para ver conflictos sociales en sus ciudades. Como dijo John Rawls: ¨no existe sociedad posible entre desiguales¨. Y así, no da gusto.

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