Cosas en qué pensar en enero

STEPHANIE HOECKLE
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DIRECTORA DE OUI OUI

Las vacaciones son para relajarse, divertirse, disfrutar de la naturaleza, ir a fiestas y… ¡tirarse en una hamaca paraguaya a leer y a pensar! Pensar, por ejemplo, en las ideas que se nos presentan en el inicio de los años veinte del siglo XXI. Dos de ellas me llamaron particularmente la atención.

Una es que, cada vez más, a la hora de contratar, las empresas valorarán las habilidades de las personas, es decir, lo que saben hacer y lo han demostrado en anteriores trabajos o experiencias. Estas habilidades pesarán más o igual que los títulos universitarios, que ya se da por hecho que casi todos los candidatos los tienen, de todas maneras. Creo que se impone, con urgencia, sentarse a hacer una lista de las habilidades que nos faltan y que, sobre todo, necesitamos para desempeñarnos mejor. ¿Habrá que pensar en nuevas maneras de elaborar un currículum o una carta de presentación?

Otro tema sobre el que continuarán las reflexiones será el de la soledad (tal vez sea mejor llamarla “aislamiento”). Básicamente, lo que se argumenta es que el contacto habitual con otras personas favorece la creatividad y el trabajo; por eso, seguirán mejorando los espacios laborales comunitarios o coworking. Los profesionales independientes acostumbrados a tenerlo todo bajo control, y que gozan de una buena fama de eficiencia y responsabilidad, ¿por qué deberían aprender a actuar en equipo? Y, sobre todo, ¿para qué?

MUY AMPLIOS E IMPOSIBLES DE CUMPLIR

“No es posible dejar de pensar”, me decía una querida e incorregible ansiosa amiga, de esas que todas tenemos. No sé cuándo aprendí yo misma la lección, pero estoy convencida de que una larga pausa para tomar un descanso es absolutamente necesaria para el bienestar personal y para la vida profesional. Por eso, las vacaciones no son para preocuparse por nada; en todo caso, son para ocuparse de una, la familia y los amigos. Ni siquiera deberían ser utilizadas para hacer planes… ¡pero sí para pensar en ellos!

¿Por qué nos cuesta seguir un plan? ¿Por qué si queremos tanto conseguir algo desistimos al poco tiempo? ¿En qué momento dejamos que la rutina vuelva a atraparnos o archivamos la carpeta que nos dieron en el último curso de planificación que hicimos el año anterior? Estas son las preguntas que valdría la pena hacerse antes de ponerse, efectivamente, a elaborar un plan (lo que haremos en la oficina el primer día laboral).

Aparentemente, hay algunas malas costumbres que nos afectan a la mayoría de las personas (siempre habrá quien se salga de la regla), como: elaborar planes demasiado amplios, sin nada concreto, y fijar metas de imposible cumplimiento (porque hay cosas que no dependen de una). Así que, si bien no hay ningún método nuevo que nos convierta de repente en “cumplidoras de metas”, todavía nos queda la mente para evaluar con tranquilidad qué hicimos mal antes y cómo podemos hacerlo un poquito mejor esta vez.

LISTA A

Para pensar bien, a mí me funciona escribir listas. Así que antes de elaborar cualquier plan 2020 (tarea para el 3 de febrero), me parece mejor hacer una Lista A, de la situación actual, por ejemplo, ingresos, lugar donde vivo, estudios, lo que hago en mi tiempo libre, mi salud, etc. Para cada ítem (es mejor limitarse a 5) podemos hacernos preguntas, como: “¿Puedo manejarme muy bien con lo que gano o siempre me falta cubrir cosas que son importantes?”, “¿Estoy cómoda en donde vivo o me vendría mejor algo más chico o, al contrario, más amplio?”, “¿Qué actividad que realmente me gusta postergué otra vez el año pasado?”, “¿Tengo un problema de salud que podría solucionar ocupándome más del tema?”. A cada respuesta que anotemos, podemos darle una calificación.

LISTA B

Las situaciones anotadas en la Lista A que tengan una calificación muy mala (por ejemplo, si escribimos para lugar donde vivo: “¡Horrible, necesito mudarme ya!”) se convertirán en nuestros objetivos 2020, es decir, en nuestra Lista B. Todos sabemos que no hay magia que nos lleve de A a B, así que sigamos con las listas. Si nos quedamos con 2 o 3 puntos en la Lista B, no nos preocupemos (menos es más, también en esto). Ahora tenemos que reformular esos objetivos para que sean concretos y se vean realizables. Por ejemplo, no escribamos: “Vivir en un mejor lugar” sino “Mudarme a un departamento de dos dormitorios” (si vivo en una casa enorme, que me consume mucha energía y dinero que podría estar usando en otras cosas importantes para mí).

LISTA C

La Lista C debería contener solo las acciones necesarias para conseguir alcanzar cada objetivo concreto de la B: siguiendo el ejemplo, sería llamar a la inmobiliaria y pedirles que vengan a ver nuestra casa para fijar un precio de alquiler o de venta y decirles lo que buscamos y el precio que estamos dispuestas a pagar, o visitar los 2 o 3 edificios que nos gustan y están en una zona apropiada según nuestras necesidades. Pero eso quedará para febrero. Ahora cerremos la agenda. Preparemos una bebida refrescante y escuchemos esa playlist que tanto nos gusta o salgamos a caminar bien lindas y equipadas con un termito de agua. ¡Ese debe ser nuestro objetivo concreto hoy!

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