Mercado eléctrico: seguimos debutando

¿Cómo caímos tanto? Muy sencillo: politizando o, peor aún, sectarizando un área de la economía que no admite burradas semejantes".

Los indicadores en eco­nomía son algo más que un tablero marcador para saber “cómo va el partido”. Muchos de ellos, la mayo­ría, sirven para saber qué cosas estamos haciendo bien y en cuáles estamos debiendo una mejor gestión. El ranking “Doing Business” –realización de negocios- del Banco Mundial nos mandó 12 puestos abajo de un golpe, producto de una invetera­da costumbre latinoame­ricana –a la que no escapa­mos- de volver todo a fojas cero con cada cambio de Gobierno y de virtualmen­te empezar todo de nuevo.

Uno de los items que desnuda con mayor crudeza nuestra incon­sistencia como Estado es el sector eléctrico. Alar­deamos de ser uno de los mayores productores de energía eléctrica limpia y renovable, pero somos inveteradamente incapa­ces de ponerla al alcance del solicitante en tiempo y forma. El indicador DB- 2015 del Banco Mundial nos colocaba en el puesto 51 en cuanto a la facilidad para obtener energía eléctrica, muy por encima de Argentina (puesto 104) y superando ampliamente la media latinoameri­cana. Pues bien, como tenemos la propensión a patear el tablero y mandar todo al demonio, en la versión 2020 caímos 58 lugares para aterrizar en el sitio 109, entre los de peor desempeño.

¿Cómo lo logramos? Muy sencillo: politizando o, peor aún, sectarizando un área de la economía que no admite burradas semejantes. Insistimos con un paquidermo monopólico desangrado a tarascadas por un Estado hambriento, por dinastías sindicales saqueadoras y “elites” políticas que maman de sus recursos. Paraguay es el único país que carece de un verda­dero mercado eléctrico y de un ente regulador que vigile la calidad de un servicio que, como se ve en el ranking DB, adquiere un rol gravitante a la hora de planear inversiones.

Como dice el saber popu­lar, seguimos debutando.

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