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Es tiempo de cambiar la forma en la que hacemos las cosas.

SAMUEL ACOSTA
@acostasamu
Periodista

Los resultados del último informe global sobre el índice de facilidad para hacer negocios que publicó el Banco Mundial son preocupantes, Paraguay, no solo se cedió en el último año doce puestos en el ranking mundial, tam­bién tuvo un aplazo rotundo en un eje fundamental para promover la inversión como lo es la seguridad jurídica.

Del puesto 113 pasamos al 125 la lista Doing Business de este año que mide a 190 países. Además, el estudio desnudó la grave fragilidad institucional a la hora de facilitar la apertura de nuevos emprendimientos. El discurso de la baja presión impositiva, mano de obra barata y energía abundante no es suficiente y esto queda evidenciado, los niveles de flujo neto de inversión extranjera directa ni siquiera ha alcanzado los US$ 500 millones en los últimos años.

De hecho, los promedios de inversión en nuestro país son dos veces infe­riores al de economías pequeñas del continente como Ecuador, Uruguay y Bolivia cuyos valores anuales están cerca de los US$ 1.000 millones o más.

Para revertir esta situación es necesario comportarnos como un país serio. Que las instituciones públicas se modernicen con sistemas simplificados y digitales para el registro y la aprobación de proyectos. Debemos adoptar una actitud de mayor patriotismo. Priorizar la concreción de las inversiones antes que estar siempre intentando manotear por debajo de la mesa algún “premio” para “acelerar” la facilitación de un documento.

El paupérrimo nivel de infraestructura y las enormes necesidades de empleo, principalmente del sector joven, no nos permiten seguir actuando de manera mediocre. Es tiempo de cambiar la forma en la que hacemos las cosas y proyec­tar un futuro mejor para las próximas generaciones. De lo contrario, seguiremos condenados al atraso y la pobreza.

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