CUIDAR EL MÚSCULO PRESUPUESTARIO

El Gobierno acaba de acordar con los emblemas privados evitar la suba del impuesto selectivo al consumo aplicable al gasoil, un combustible con peso específico muy importante en la formación de tarifas y, por lo tanto, de alta incidencia en los precios del consumo general.

Sin duda esta decisión fue posible porque aún le queda al Gobierno elasticidad suficiente para poder cortar un ingreso impositivo para nada despreciable. El gasoil compone el 25,2% de la matriz energética del país
y que el Estado renuncie a un aumento de la alícuota del ISC que pesa sobre ese
combustible es un hecho importante y revelador.

En 2019, el Gobierno argentino se vio frente a un dilema semejante. Tras examinar su escala
impositiva, evaluó la posibilidad de reducir algo el tributo al gasoil en sus intentos de controlar la alocada inflación que padece el país. Se intentó  bajar un 0,5% el peso impositivo y el resultado mostró una inviabilidad
absoluta. El impacto sobre la recaudación abriría un agujero enorme en las cuentas fiscales, en un país en donde cerca de 18 millones de sus habitantes reciben algún tipo de subsidio no retributivo.

El Estado argentino perdió, hace décadas, su elasticidad tributaria y está preso de una artritis presupuestaria terminal. El Gobierno paraguayo debe observar, cada vez que pueda, este ejemplo cercano de lo que no se debe hacer, es decir, hacerle gastar al tesoro público más de lo que recauda.

Porque el “remedio” a semejante mal sería, inevitablemente, o emitir dinero inorgánico o endeudarse para cubrir gastos corrientes. Ambos caminos conducen a la quiebra. Y a la luz de lo que está pasando con los salarios
públicos, parece que estamos en ese camino. Hay que evitar a toda costa la atrofia del músculo presupuestario. Sería letal.

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