Largo y dificultoso camino para una integración real

UNIÓN EUROPEA – MERCOSUR

SAMUEL ACOSTA
@ACOSTASAMU
ENVIADO ESPECIAL
BRUSELAS – BÉLGICA

La ciudad de Bruselas con sus típicas callejuelas europeas, su clima frío y gris, sumada a una notable diversidad cultural que convergen armoniosamente recibe esta semana a un grupo de 19 periodistas de los principales medios de comunicación de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, los cuatro países fundadores del Mercado Común del Sur (Mercosur) para que de primera mano se puedan hacer todas las preguntas respecto al histórico primer paso hacia una integración real de nuestra región con los 27 estados miembros de la Unión Europea (UE).

En primer lugar hay que decir que lo que en Sudamérica se celebró el año pasado con bombos y platillos como el gran acuerdo comercial con el viejo mundo es, en realidad, apenas un primer paso hacia un plan global de asociación entre ambos bloques que se viene negociando desde hace dos décadas. En la primera ronda de reuniones con varios expertos sobre los aspecto de negociación, en la sede misma de UE, quedó evidenciado que los procesos no avanzan al ritmo que ambos negociadores esperan debido a una serie de trabas de tinte político, jurídico y hasta burocrático que impide las cosas progresen con mayor rapidez.

Los europeos claramente tienen hoy dos grandes preocupaciones. Por un lado, está buscar contrarrestar la política económica proteccionista del Gobierno de los Estados Unidos que tiene un Donald Trump que cada vez busca más blindar a la industria norteamericana, a un gigante como lo es China que asumió una postura de defensa ante la guerra de aranceles hacia sus productos de exportación sumado a su reciente divorcio con el Reino Unido en lo que se conoce como el Brexit. Todo esto los obliga a hacer un esfuerzo por recobrar el impulso del multilateralismo.

Ahí es donde el acuerdo con el Mercosur se convierte en una estratégica pieza económica pero también política a la hora de enfrentar esa presión; los europeos son conscientes que deben demostrar que ante una guerra comercial entre las dos principales potencias económicas del mundo han decido diseñar su propio camino, abrir la puerta del libre comercio con los cuatro principales productores de commodities alimenticios del mundo y así, de algún modo, equilibrar la balanza en el concierto mundial.

ACUERDO POLÍTICO

Por otro lado, este acuerdo entre bloques también tiene un fuerte componente político, que va a obligar a que los sudamericanos ajustemos nuestra manera de producir hacia lineamientos de sostenibilidad con el medioambiente para acceder a los cupos de compra libre o de bajos aranceles que están contempla dos en la parte comercial. ¿Cómo están hoy las negociaciones?, pues lo que se logró a mediados del año pasado es solo un primer paso hacia un intercambio más fluido. Bien lo aclararon en las reuniones que existe otro pilar fundamental que es lograr un acuerdo desde el punto de vista político. Para el efecto, se contempla asumir una serie de compromisos, principalmente, de carácter medioambiental como por ejemplo la de ratificar los principios del acuerdo sobre el cambio climático de París -con el que por cierto el Gobierno de Brasil no está de acuerdo-, además del respeto a los Derechos Humanos de las minorías étnicas y otras colectividades.

En la UE creen que para finales de febrero o principios de marzo se tendrán terminados los detalles del documento político que deberá ser ratificado por la Comisión Europea y por el Mercosur para avanzar a una siguiente etapa que es el análisis jurídico de cada punto suscripto, tanto en lo comercial que ya está siendo analizado por especialistas de ambas partes para hacer el mismo estudio pero desde el punto de vista de los acuerdos de carácter político.

RUIDOS EN EL AMBIENTE

La delegación de Paraguay preguntó con insistencia porqué si aparentemente hay señales de que se están dando pasos hacia la concretar de esta integración, aparecen cada vez con mayor insistencia declaraciones contradictoras de jefes de Estado como Francia y Polonia que generan dudas sobre la ratificación del tratado UE-Mercosur, la respuesta fue que esas declaraciones responden más a situaciones de política interna de los países que a una oposición real sobre el documento que se está negociando ya que, por ejemplo, cuando se tuvo que firmar el acuerdo comercial por unanimidad se votó a favor del acuerdo y, en lo político, las cosas están encaminadas de igual modo.

Admitieron que sí existe preocupación sobre cómo quedarían los productores agrícolas y ganaderos en Europa pues saben que los cuatro países miembros del Mercosur son muy competitivos en materia de producción de granos y carne vacuna; sin embargo, también cabe recordar que la agroganadería para los países miembros del bloque europeo representa apenas el 3% del producto interno bruto (PIB) en su conjunto.

Además, se puntualizó que por ejemplo el tipo de corte de carne vacuna que llega a los países del viejo mundo son Premium, todo lo demás, se abastece con la producción local, por tanto tampoco le cambiaría mucho el panorama con mayor cuota de bienes importados de los sudamericanos.

Los negociadores europeos creen que así como los países del Mercosur se verán beneficiados por el lado agropecuario también ellos al tener mayor competitividad en lo industrial podrán sacar provecho de los alcances del tratado. No solo para introducir productos de allá para acá, sino también para traer marcas europeas e instalar fábricas en Sudamérica.

La cuestión de unificación de requerimientos sanitarios que contempla el tratado también permitirá que para acceder a este mercado se cumplan una serie de lineamientos que están contemplados dentro de los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS). Por esa razón, la UE deja en claro que el acuerdo con el Mercosur no solo es comercial, pues también existen fuertes componentes desde lo político, social y medioambiental.

PROCEDIMIENTOS

Admitieron que el proceso de ratificación total del acuerdo puede durar entre siete y hasta otros 20 años debido a que la negociación es muy amplia y ambiciosa. Esta es la razón que ha llevado tanto tiempo de debate a diferencia de otros acuerdos similares que tiene este bloque con el resto del mundo. La firma de este entendimiento tendrá entonces su lado comercial y político, y ambos puntos se someterán a análisis jurídico. Una vez aprobada por los Estados miembros de ambos bloques se procederá a la ratificación a través de los respectivos Parlamentos. En el caso del Mercosur, de sus cuatro miembros fundadores, y en la Unión Europea de los 27 estados que componen el bloque.

Una vez que se logre este avance se consensuará un documento único que contemple ambos aspectos, el político y comercial y estas a su vez serán las normas que empezarán a regir en el intercambio. Esto puede llevar mucho tiempo y por tal razón los expertos en la negociación indicaron que, si por ejemplo, Paraguay a través de su Congreso Nacional acelera el proceso y ratifica el tratado tanto en el aspecto comercial como político pero todavía el Brasil no lo ha hecho, se podría ejecutar una aplicación provisional del acuerdo principalmente en la cuestión comercial.

Finalmente, y es quizás lo que más preocupa, todo este proceso de análisis de más de 20 años podría terminar en la nada si es que a la hora de llegar a la firma del acuerdo final uno solo de los 27 Estados miembros de la UE decide no acompañar el documento o si pasa algo similar con uno de los vecinos miembros del Mercosur. El tratado debe ser ratificado por unanimidad de todas las partes para su plena vigencia.

No obstante, en los pasillos de la sede de la UE en Bruselas nos han dicho que más allá de la retórica negativa de ciertos miembros, hay una voluntad real de cerrar este tratado, y por eso a pesar de todo el tiempo transcurrido se sigue invirtiendo tiempo en alcanzar una integración entre ambos bloques. Creen que el acuerdo es equilibrado pues ambas partes salen ganando algo y, además, es muy necesario ante la actual coyuntura económica mundial.


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