¿No hay mercado? No hay vacuna

Por CRISTIAN NIELSEN

El COVID 19, o sea el maldito virus chino que nos tiene contra la pared, salió a la luz a fines de diciembre. En realidad, se lo detectó en esos días ya que seguramente andaba dando vueltas mucho antes sin causar síntomas.

Las biotecnológicas norteamericanas trabajaron, a partir de allí, tiempo completo para desarrollar una vacuna.
Una de ellas, Moderna Inc. remitió su primer lote experimental a las instituciones que chequean, comprueban y regulan las vacunas en EE.UU., que ya han comenzado sus pruebas en humanos (brrrr!). Si todo
va como hasta ahora, es posible que la vacuna esté en el mercado en mayo.

Antes de que la gente tenga tiempo de sorprenderse con la noticia, las acciones de la compañía norteamericana subieron un 28%, al igual que las de sus colegas Gilead y Johnson&Johnson que trabajan en la misma línea. Según dicen los que saben, el episodio del COVID 19 cerraría un ciclo récord en la historia de la inmunología humana entre la aparición del virus y el desarrollo de la vacuna.

Cosas del primer mundo, ¿verdad? Prácticamente desde el comienzo de este siglo –y del milenio- se estudia el desarrollo de una vacuna contra el dengue, que nos está matando por decenas. Los hospitales rebosan de
enfermos febriles y la vacuna no aparece por ningún lado, temporada tras temporada. De vez en cuando llegan algunas noticias sobre la puesta a punto de una “polivalente” que proteja no sólo contra el dengue sino también contra el zika y el chikunguña…

También, con esos nombres africanos y tercermundistas, a qué laboratorio le puede interesar invertir en el  desarrollo de medicinas con valor de mercado cero en el norte hiperdesarrollado. ¿Cuánto puede hacer subir las acciones de una biotecnológica una vacuna contra el zika, eh? En cambio, el COVID 19… Triste, pero cierto.


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