¿QUÉ TIENEN CONTRA LA CARNE?

Enero cierra con cifras récord en exportación de carne, reportábamos en nuestra edición del viernes pasado. Es una buena noticia ara productores y frigoríficos, aun cuando entre estos dos actores principales de la cadena haya un entripado que todavía no parece tener salida.

Pero últimamente, por encima de conflictos internos, pesa sobre el negocio de la ganadería otra amenaza cuya gravedad por el momento es difícil vislumbrar. En ciertos cenáculos del ambientalismo extremo se ha echado a rodar la especie de que comer carne contribuye al calentamiento global debido a los gases de efecto invernadero que se generan en el proceso de cría de ganado, su faenamiento y, finalmente, su consumo.
Los expertos en producir lemas reduccionistas se han lucido con uno que ya está haciendo carrera.
Dice: “Salve al planeta, no coma carne”.

Esta campaña es una vuelta de tuerca más en la saga iniciada por los denominados “veganos”, esos
extraños seres que sólo comen porotos, raíces y hojas verdes, absteniéndose por completo de
carnes rojas o de cualquier color, embutidos y chacinados, de leche y derivados, de miel de abeja,
pescado, aves y toda clase de subproductos elaborados con cuero, pieles, pelo, escamas,
membranas, huesos o cartílagos provenientes del reino animal.

La ONU se encargó de echar sal a la herida cuando desde su cuenta oficial tuiteó: “Comer menos
carne ayuda a ahorrar agua y reduce las emisiones  de gases de efecto invernadero, que causan el
calentamiento global”.

Esto va más allá de las extravagancias de unos cuantos locos sueltos. Ahora es el organismo mundial el que se embandera con una causa cuyasbases científicas no aparecen por ningún lado y que hace a muchos preguntarse: ¿Por qué tanto empeño en destruir un sector gravitante de la economía mundial?

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