Burócratas ricos, Estado pobre, pueblo depredado

Por Cristian Nielsen

Esta ecuación debe terminar.

No podemos seguir adelante sabiendo que más del 90% de los ingresos del Estado van a pagar salarios de jerarcas enviciados con privilegios y pagados a cuerpo de rey.

LOS DEPREDADORES
Una elite de sinvergüenzas sigue cebándose en las oficinas públicas con sueldos de primer mundo y, como si no les alcanzara en su angurria, se auto asignan bonificaciones, horas extra y obligan al tesoro a pagarles la comida diaria (cuando falta merienda escolar en muchas escuelas), el colegio de lujo de sus hijos (cuando sobran las escuelas mango guype), sus vacaciones de ejecutivos (cuando al común no le alcanza ni para quedarse en casa) y el seguro médico de lujo (mientras miles de paraguayos atestan hospitales públicos y mueren por falta de medicamentos).

Todo este festín pornográfico de glotones, que ni Federico Fellini podría retratar en toda su fétida dimensión, sigue vigente, como si la plata surgiera de la tierra y se la juntara con palas.

EL ESTADO INUTIL
Como no le alcanza para costear la vida rumbosa de estos depredadores, el Estado decidió endeudarse. Resultado: el déficit fiscal de 2020 podría superar el 3% del PIB. Dicen que lo hacen para afrontar gastos de salud y los refuerzos salariales. Pero lo cierto es que esa deuda de US$ 1.600 millones se contrae porque el Gobierno carece de huevos para hacer lo que hizo, por ejemplo, Uruguay, que puso a sus funcionarios públicos en un plan de austeridad.

Al Gobierno no le da el cuero para ajustar gastos sin resentir la eficiencia del Estado.  No sólo carece de temple para hacerlo sino que no tiene un plan en esa dirección, jamás se decidió a formularlo porque toda la plana mayor de MAB cree que este sistema de depredación puede seguir para siempre. Le tenemos noticias a todos: el modelo se acaba, se resquebraja, es insostenible. Si no le quitan peso, todo el andamiaje va a colapsar y se los va a llevar consigo.

LOS DEPREDADOS
La pandemia de coronavirus está poniendo al mundo del trabajo en el Paraguay contra la pared.

Mientras en la función pública sólo 8 de cada 100 no ganan el salario mínimo, en el sector privado esa cifra sube a 47 de cada 100, casi la mitad. El 37% de la población económicamente activa (PEA), es decir, 1.258.000 personas, recibe sus ingresos en pequeñas empresas de no más de 5 empleados. Otro 22,5% (765.000 personas) trabaja por cuenta propia. Son pequeños emprendedores y cuentapropistas, un universo de más de 2.000.000 de personas, que están hoy expuestos al desempleo y la falta de ingresos por la cuarentena. Dicho brutalmente para que nos entendamos: no trabajan, no comen, ni ellos ni sus familias. A los burócratas depredadores esto les pasa por arriba, ya que siguen cobrando a fin de mes salarios, bonificaciones, complementos, subsidios, horas extra, refuerzos, ayudas alimenticias…

El Gobierno, en un acto de generosidad, dará 500.000 guaraníes a 330.000 familias para que compren comida.  Para eso, el Estado se endeuda, cosa que podría evitar si tuviera agallas y sentido de la austeridad.

¿Cómo? Veamos. Los 18 becarios de lujo que el país mantiene en el Parlasur le cuestan al ciudadano Gs. 33.000 millones. Ese monto alcanza para 66.000 planes de subsidio alimenticio. De nuevo: 18 tipos se tragan ellos solos lo que el Gobierno va a destinar a 66.000 familias. No solo es el paradigma por antonomasia de la inequidad. Es un insulto sangriento que el Gobierno sigue escupiéndole en la cara a la ciudadanía.

Otra más. Los Gs. 70.000 millones que derrocha el Estado en 300 burócratas innecesarios en el Congreso cubriría otros 150.000 planes. Y si recortaran todas las bonificaciones, complementos, horas extra, subsidios y ayudas en entes como Itaipú, Yacyretá, ANDE, BCP y otros, el Estado no solo se ajustaría el cinturón sino que tendría recursos suficientes para encarar los efectos colaterales de la cuarentena que nos está paralizando y no sabemos hasta cuándo.

Pero no. MAB y su primer anillo prefieren mantener a la cáfila de burócratas que se come todo lo que el ciudadano deja en Hacienda con la ilusión de que contribuye a una mejor educación, salud y seguridad para todos.

Así, por falta de liderazgo, coraje cívico y eficiencia de gestión de sus gobernantes, el Paraguay está sumido en este esquema de burócratas ricos, en un Estado pobre y un pueblo miserable sometido a la más salvaje depredación.

¿Hasta cuándo creen que durará esto, con el coronavirus pateándonos el trasero?


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