Enfoque amplio frente a la crisis

La crisis planteada por la irrupción del coronavirus desafía al Gobierno nacional y a toda la ciudadanía en dos áreas bien específicas: la sanitaria y la económica. Hagamos un repaso somero de ambas.

En lo sanitario, el Gobierno ha reaccionado en forma escalonada, frente a un panorama que no tiene precedentes y que demanda una altísima ductilidad de las autoridades de salud, con ajustes frecuentes en términos de aislamiento, rutinas higiénicas y movilización controlada de aquellos sectores indispensables para la vida cotidiana. En eso nos va, digamos, razonablemente bien, con pocos casos y cero mortalidad hasta ahora.

En lo económico, queda la impresión de que no se está haciendo todo lo que una inédita situación de emergencia está planteando. Invitamos a hacer una pregunta básica para medir la eficiencia de las medidas adoptadas: ¿Está el Gobierno contribuyendo a llevar calma a los actores principales de la economía?

Se ha aceptado que frente a la pandemia, la única arma eficiente para mitigar sus efectos es inmovilizar a la población. No hay otra forma. Eso está causando una caída drástica de la demanda en todos los frentes de la economía. Al respecto, hay dos preguntas clave que el Gobierno debe contestarse:

¿Podrán las empresas salvar costos y seguir operando sin reducir empleo?

¿Podrá el trabajador en situación de dependencia conservar su empleo y las mipymes seguir operativas hasta el fin de la crisis sanitaria?

Si los recursos de que dispone el Gobierno son invertidos en esa dirección, es posible que la incertidumbre disminuya y la gente siga aguardando desde su casa el final de la crisis sanitaria con el menor daño posible.

Todo otro enfoque de gestión oficial debe pasar a segundo plano.

Los daños económicos se reparan. Una sola muerte es irreparable.


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