Entre la ceguera, el tiempo y la esperanza de ver

Por Richard E. FERREIRA-CANDIA
Docente y especialista en comunicación
Director de la Escuela DPeriodistas
@RFerreirac

La sociedad tiene ciegos; ciegos que, viendo, no ven.

Esta crisis que pasamos nos hace obligatoriamente reflexionar sobre el modo de vida que construimos; sobre nuestra ceguera. Tenemos la oportunidad de ver lo que somos y, si quisiéramos, tratar de entender cómo debemos ser. Es tiempo de fortalecer la esperanza, buscar salir de una prolongada ceguera y empezar a ver, a vernos nosotros mismos como personas y como sociedad.

“Estoy ciego, estoy ciego, repetía con desesperación mientras le ayudaban a salir del coche (…)”, relata José Saramago en la parte inicial de su novela “Ensayo sobre la ceguera” (1995), obra que en las últimas semanas es bastante comentada y comparada con lo que pasa en el mundo por la pandemia del coronavirus.

El libro -señala su descripción- plantea la existencia de una ceguera blanca que aparece de la nada y hace que “los ciegos deban enfrentarse a lo más primitivo de la especie humana: la voluntad de sobrevivir a cualquier precio”. El escritor portugués tejió, como pocos lo pueden hacer, “una aterradora parábola acerca del ser humano, que encierra lo más sublime y miserable de nosotros mismos”.

En este tiempo difícil a la espera de que todo pase, en medio del trabajo a distancia y la búsqueda de estrategias simples que ayuden a cumplir lo que se tenía planificado personal y profesionalmente, pude repasar la novela y agregar nuevas marcas al libro que ya lo había leído, tratando de hilar algunos pasajes que se conecten a nuestra situación actual.

Comparto algunas de las muchas citas que nos hace pensar -tal vez- cómo estamos haciendo frente a este difícil momento y nos genera -al menos me ha generado a mí- interrogantes sobre nuestra manera de vivir como personas y como sociedad. Una advertencia para quienes leyeron el libro: Se tendrá en cuenta que el contexto, los personajes y pasajes, no deben tomarse estrictamente como están en la obra y su sentido, pero, que, en el fondo, dejan claros mensajes. Se respeta el modo de escribir de Saramago, en relación al uso de signos. Agrupé los textos en una especie de temas. Aquí van:

CONCIENCIA MORAL

“La consciencia moral, a la que tantos insensatos han ofendido y de la que muchos más han renegado, es cosa que existe y existió siempre, no ha sido un invento de los filósofos del Cuaternario, cuando el alma apenas era un proyecto confuso…”

“(…) hicimos de los ojos una especie de espejos vueltos hacia dentro, con el resultado, muchas veces, de que acaban mostrando sin reserva lo que estábamos tratando de negar con la boca”.

“No duró mucho la confraternización. Aprovechándose del alborozo, algunos colegas se habían escabullido con unas cuantas cajas, las que consiguieron transportar, manera evidentemente desleal de prevenir hipotéticas injusticias en el reparto”. (Las cajas contenían alimentos).

EL GOBIERNO Y LA CRISIS

“El Gobierno lamenta haberse visto obligado a ejercer enérgicamente lo que considera que es su deber y su derecho, proteger a la población por todos los medios de que dispone en esta crisis por la que estamos pasando”.

“El Gobierno y la Nación esperan que todos cumplan con su deber. Buenas noches”.

“(…) en cuanto al hipermercado, habría que contar, probablemente, con impedimentos jurídicos y diversos, cuestiones legales para tener en cuenta”. (Sobre el comercio).

“Una vez al día, siempre al caer la tarde, como un despertador regulado para la misma hora, el altavoz repetía las conocidas instrucciones y prohibiciones, insistía en las ventajas del uso regular de los productos de limpieza…”.

LA MORAL Y LA RESPONSABILIDAD DE LA GENTE

“Cada uno actúa de acuerdo con la moral que tiene…”.

“(…) aún está lejos de nacer el primer ser humano desprovisto de esa segunda piel a la que llamamos egoísmo, mucho más dura que la otra, que por nada sangra”.

“¿Cómo está el mundo?” -pregunta un personaje, que recibe como respuesta-: “No hay diferencia entre fuera y dentro, entre aquí y allá, entre los pocos y los muchos, entre lo que hemos vivido y lo que vamos a tener que vivir”.

UNA FLECHA LANZADA HACIA ARRIBA

“Un comentarista de televisión tuvo el acierto de dar con la metáfora justa cuando comparó la epidemia, o lo que fuese, con una flecha lanzada hacia arriba, y que, tras alcanzar el punto más alto en su ascenso, se detiene un momento, como suspendida en el aire, y empieza luego a describir la obligada curva de caída…”.

EL TIEMPO Y LA ESPERANZA

“(…) es como todo en la vida, dar tiempo al tiempo, que todo se arregla”.

“La cuarentena no fue un sueño (…)”

“Nunca se puede saber de antemano de qué son capaces las personas, hay que esperar, dar tiempo al tiempo, el tiempo es el que manda, el tiempo es quien está jugando al otro lado de la mesa y tiene en su mano todas las cartas de la baraja, a nosotros nos corresponde inventar los encartes con la vida, la nuestra”.

“Hay esperanzas que es locura alimentar. Pues les digo que si no fuera por ellas, ya habría desistido de la vida”.

CIEGOS QUE VEN, PERO NO VEN

“Es una gran verdad eso de que el peor ciego es el que no quiere ver”.

“Hasta parece que veo mejor que antes”. (Un personaje luego de recuperar la visión)

“Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos. Ciegos que ven. Ciegos que, viendo, no ven”.

Hasta aquí algunas citas. No puedo dejar de escribir unas líneas tomándolas. Ya durante la lectura de la novela me surgieron numerosas interrogantes, pero también varias reafirmaciones, como lo insensato, oportunista, irresponsable y bestial que es el ser humano en algunas situaciones. Pero lo más interesante, fuera de esa parte negativa y viendo lo positivo, se logra ratificar lo esencial que es para la vida la solidaridad, el amor, la paciencia, el compañerismo en desgracias, lo humano que es uno con el humano si se lo propone.

Las citas agrupadas en este artículo me recuerdan varias situaciones que estamos viviendo día a día. Como aquello de negar o no ver lo que sabemos, el oportunismo (sobre todo político) que florece en situaciones como estas, la complicada tarea en la gestión pública y lo difícil que es para la gente adaptarse y cumplir con las disposiciones. Hasta eso de “Una vez al día, siempre al caer la tarde…”, me trae a la mente lo pendiente que estamos casi todos los días a los tuits del ministro de Salud.

Además, la moral de cada uno, la irresponsabilidad de otros, la piel del egoísmo, pero también la responsabilidad y el aporte de muchos, como -por ejemplo- de aquellas personas que, ejerciendo hoy riesgosamente la profesión médica, lo hacen con una capacidad admirable, humana. No quiero dejar de mencionar -porque me toca de cerca por la profesión- la labor de comunicadores y periodistas que -desde sus sitios en sus medios o desde sus casas- nos brindan las informaciones necesarias, las importantes, y hasta nos dan aliento.

Hoy estamos viviendo una realidad sacada de una novela similar a la Saramago.  Terror. Enfermedad. Muerte. Crisis. Caos. Tristeza. Luto. Enfermos en todo el mundo. Muertes en todo el mundo. Familias aisladas y encerradas en sus casas, sin ver a sus seres queridos. La Policía (con algunos injustificables abusos) tratando de hacer cumplir una medida dispuesta por el bien de todos. La añoranza de disfrutar de un buen café, en algún café. La facultad, el colegio, la escuela. El trabajo en la oficina. Los amigos, el teatro, los conciertos, el cine, el deporte, la cancha.

Todo nos hace reflexionar sobre cómo vivimos y hoy me permito vincularlo con lo tratado en la novela, con el tiempo, la esperanza, y el mensaje principal de Saramago: probablemente estamos ciegos y no disfrutamos de lo que tenemos.

Esta crisis que nos cambió la vida, que cambia el mundo, puede permitirnos pensar en que necesitamos “ver”, “ver mejor”, para el ahora y para cuando pase todo. El problema puede estar en que probablemente aún estemos ciegos, sin saberlo, como ya se citó: “Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos. Ciegos que ven. Ciegos que, viendo, no ven”.

Pero hay esperanzas que no pueden morir y que, si bien puede ser una “locura alimentarlas”, si no fuera por ellas, ya habríamos desistido de la vida.

Esperemos que este momento difícil para todos, en nuestro íntimo silencio, logremos reflexionar sobre lo que somos como personas, sobre la vida, sobre la sociedad. Necesitamos ver, para vernos.


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