Prepararnos y actuar para reducir la incertidumbre

Horacio P. Ferraro

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Hace sólo unas pocas semanas, ninguno de nosotros podría haberse imaginado el escenario que vivimos actualmente. Es habitual mencionar que la salud es lo primero, aunque sea no más que una muletilla. Esta vez, la salud realmente pasó en los hechos a un primerísimo plano, llevándose por delante cualquier tipo de especulación. 

Los gobiernos están tomando medidas drásticas pero necesarias, que restringen las libertades individuales y colectivas, empresariales y sociales. Los ciudadanos en su mayoría confían y acatan las resoluciones, con cierta sensibilidad de que no se generen arbitrariedades, focalizados en un gran esfuerzo que permita salir de estas turbulencias lo más rápido posible.  

Es un tiempo muy extraño, conmovedor, que nos invita a reflexionar sobre muchas cosas, personales y profesionales. Sin entrar a analizar aspectos psicológicos y espirituales que podrían contar con un ámbito propicio para fortalecer ciertas competencias y valores, como la resiliencia, la cooperación, la solidaridad y la superación, otros temas terrenales, como  la economía y las finanzas, requerirán nuestra pronta y dedicada atención.

Este preciso momento económico no se puede definir como una etapa de un ciclo, sino más bien como una frenada brutal dentro de la etapa en la que se encuentre cada región, país, sector y empresas. Es como si una montaña rusa se hubiese detenido y cada uno de los participantes se encuentre en su asiento, temeroso, observando y cavilando desconcertado qué le podría llegar a pasar. Los que están más alto, en una posición que suele ser la más atractiva, tal vez serán los que corran más riesgos que los que están abajo, con menos que perder, pero ambos grupos se verán afectados.

Habiendo transcurrido algunos días y sin saber cuando aparecerá la luz al final del túnel para dimensionar los efectos de la pandemia, los gobiernos y algunas empresas empezaron a actuar dando subsidios, quitas, moratorias y aportes de diversa índole que permitan morigerar la crisis social y los daños patrimoniales que se avizoran.

Es una situación compleja en la que nadie va a quedar exento de sus efectos, con muchos perdedores y algunos pocos que se hayan beneficiado. Como en toda crisis, la demanda excepcional de determinados artículos o servicios podrá crecer exponencialmente, pero serán los menos.

En el análisis de negocios, la calidad de los mismos está dada por su rentabilidad, es decir por aspectos económicos más que financieros. En la situación actual, las finanzas adquieren mayor relevancia dado el desconocimiento sobre cuándo se producirá el restablecimiento de las condiciones normales de mercado.     

Como primera actitud, sin más remedio y manteniendo la calma, se debe ser ordenado y disciplinado para evaluar nuestra situación económica y financiera, ya sea individual o empresarial. Contemplar todas las variables de ingresos y egresos, identificar de qué beneficios genéricos de los agentes de mercado seremos receptores (estado, gobiernos, empresas, bancos, instituciones, etc.) y observar qué perjuicios tendrán nuestros ingresos, rentas, patrimonio, etc. Es muy importante incluir todos, absolutamente todos, los conceptos que tienen injerencia sobre nuestra actividad. Una buena medida es, para conocer las exigencias en la que podemos estar inmersos, calcular nuestro intervalo básico defensivo. Implica conocer cuanto tiempo la empresa o el individuo puede pagar sus gastos diarios de caja usando los activos líquidos o existencias sin ingresos de flujo de caja adicionales.

Como segundo paso, se deben encarar las negociaciones contractuales financieras bilaterales, preferentemente de la mano de expertos, con sólida experiencia en estas cuestiones, conocedores de los tiempos y recursos adecuados para cada gestión. Es el momento perfecto para el replanteo del plan de negocios, el cambio de paradigmas y la innovación. La evaluación del negocio por los especialistas y la discusión y determinación de los cursos de acción más beneficiosos con los propietarios, podrán darnos una mayor certeza sobre nuestras posibilidades futuras. Esta tarea, metodológica y efectiva, será el vehículo que nos lleve a un nuevo escenario, superador y viable para encausar las actividades hacia una nueva etapa de desarrollo, con planes de consolidación y crecimiento en el largo plazo.


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