Austeridad, deuda o las joyas de la abuela

El equipo de crisis del Gobierno está haciendo lo que puede con lo que tiene. Mientras el equipo de estrategia para la reforma aún no termina de constituirse, el de crisis va navegando tras su estela recogiendo escombros y sellando vías de agua. Ya se sabe que ese método evita zozobrar pero no alcanza para recobrar velocidad de crucero. ¿Qué hacer para recuperar navegabilidad?

Lo primero que se hace en estos casos es soltar lastre. En “Cinco semanas en globo”, de Julio Verne, el Dr. Ferguson obliga a su asistente a tirar por la borda su colección de pepitas de oro halladas en Africa. “O tu tesoro o nuestras vidas” impone el jefe de la expedición. Aquí, hace años que le estamos diciendo al poder político en su conjunto –no sólo al Ejecutivo-, que llegó la hora de soltar la carga que lastra al Estado. Pero es como pedirle a la hiena macho alfa que frene a su manada depredadora recluyéndola en sus madrigueras. Ya vimos las dentelladas que los sindicalistas de Itaipú lanzaron ante el sólo anuncio de recortes.

Fue como intentar arrebatarle un hueso a un rottweiler rabioso. Este mismo estado pre-eruptivo puede sentirse en todos los estamentos del Estado, en especial en las élites sindicales y las jerarquías burocráticas que acaparan salarios y beneficios. De todas maneras, el recorte no superaría los US$ 50 millones, una gota de agua.

Y ya se vio que tocar los royalties de las binacionales sulfura de inmediato a munícipes y gobernadores.
¿Alternativas? Pocas. Una, emitir más deuda. La otra, vender las joyas de la abuela, esto es, la
reservas en moneda extranjera que son unos US$ 8.000 millones, todas propuestas transicionales a la espera de la gran estrategia del Gobierno para la pos crisis, fórmula que tarda en aparecer a costa de algo que no tiene reposición: tiempo.


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