De ladrones y justificadores

Sólo el cagazo (perdón por el francés) producido por el coronavirus, que nos tiene a salto de mata, nos ha hecho pasar por alto la barbaridad proferida por una senadora cuando dijo: “Claro que hay corrupción, pero hasta la corrupción es redistributiva, porque hace que a nivel local haya recursos…”. Este “refinado” argumento describe con toda claridad la crisis de representación que padecen las instituciones republicanas.

La “legisladora” apeló a esta lógica aristotélica al defender que los municipios sigan recibiendo íntegramente los denominados “royalties” de las binacionales en lugar de que Hacienda retenga el 50% para destinarlo a reforzar el sistema de salud ante la emergencia sanitaria actual.

Su lastimera oratoria anticipaba -de concretarse el “golpe” de Benigno- un clima terminal de funcionarios hambrientos y vecinos agolpándose a las puertas de los municipios en busca de una bolsa de comida. Y terminó apostrofando al ministro de marras: “Usted no tiene carta blanca, acumulando poder y sin resolver los problemas sociales…”.

Lástima que la senadora convirtió lo que parecía una argumentación razonable en una cuestión personal. Pero es mucho pedir que alguien que se considera política plantee lo que en sociedades más avanzadas se define como “devolución” o auténtica descentralización del poder gubernamental.

Los europeos, en especial los ingleses, lo han estado ensayando durante gran parte del siglo XX a fin de convertir las “ciudades pobres y tristes” (Anthony Giddens, La Tercera Vía) en gobiernos locales fortalecidos en la calidad de gestión pero esencialmente representativos y democráticos, algo probado en el gran Londres.

Si no comprendemos que quien roba es un ladrón, menos entenderemos que quien justifica el robo es tan o más ladrón que el ladrón mismo. Lógica aristotélica.


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