La cuarentena inteligente y los niños

Ignacio Iramain Chilavert – Director General

La pandemia causada por el COVID 19 ha generado un gran temor mundial debido a su alta contagiosidad y agresividad en un pequeño porcentaje de la población de edad adulta, con grandes posibilidades de provocar el colapso de cualquier sistema de salud

La prevenciónn a través de buen lavado de manos, distanciamiento físico, el uso adecuado del tapaboca y el control fronterizo riguroso con aislamiento de los infectados han sido las medidas más efectivas para controlar su expansión.

Paraguay ha sido uno de los países que mejor resultado han obtenido en el mundo. Las razones todavía no las conocemos en su totalidad, pero sin dudas resaltan dos elementos:  la precocidad con que el gobierno decidió las medidas preventivas y la sorprendente disciplina ciudadana para cumplirla.

Pero, una verdadera política sanitaria es algo más amplio y no puede reducirse exclusivamente a la prevención. La intención fue poner  en orden una deficitaria estructura sanitaria que hasta el momento no se logró.  Felizmente se aplanó la curva y la circulación viral es baja. Todavía corremos un gran riesgo que no se va a poder corregir de manera inmediata.

El desafío dramático es salir realmente de forma inteligente de esta crisis. Y me voy a referir  solo a la infancia y no a la pandemia económica que ya  está siendo muy dolorosa.

Con estas cifras actuales, que son las mejores del mundo, no se justifica mantener encerrados a los niños.  Si no hay una variación brusca y contundente en la curva epidemiológica, se debe pensar seriamente en retornar lo antes posible a las clases presenciales como lo hacen en todos los países del mundo y con cifras mucho peores que las nuestras.  Setiembre primaveral podría plantearse como objetivo. Eso sí, con nuevas reglas.

El gran maestro y pedagogo italiano Francesco Tonucci señala a través de una investigación que está realizado, en el marco de la suspensión de clases por la pandemia, sobre qué  piensan los niños del encierro. Son  básicamente dos cosas: 1) Que necesitan estar y jugar con sus amigos,  y  no es precisamente que extrañen la escuela y 2) Que a pesar de que les gusta estar con los padres más tiempo, sienten que no pueden realizar las tareas con ellos.

Entre otras cosas, expresa este notable docente, que se hubiera aprovechado los meses de suspensión para realizar un laboratorio en la casa y que los niños no sean sobrecargados con tareas sino que aprendan las cosas simples y domésticas  de la vida diaria.

Mientras,  los docentes deberían capacitarse, sobre todo en nuestro país, para aprender a utilizar los instrumentos tecnológicos en el aula, no para sustituir las clases presenciales sino para complementarlas y enriquecerlas con el método digital. Y entrenarse por si tuviéramos que enclaustrarnos nuevamente.

La Sociedad de Pediatría de Francia es muy clara al respecto. Los niños tienen necesidad de interacciones sociales para desarrollarse. Hay muchos más beneficios que riesgos en la vuelta a la vida colectiva de los niños.

Comentan además que hay argumentos en diferentes países, que sugieren que los niños no son peligrosos para los adultos. Son los adultos los que están más en el origen de la trasmisión a los niños que a la inversa.

Insisten que sólo con el lavado de manos sería suficiente para el retorno de los niños a la escuela. Medidas de distanciamiento excesivas como supresión de los espacios de  juegos o la prohibición de los niños de jugar entre ellos son inútiles y perjudiciales.

Aquí se tuvo éxito con las medidas preventivas que fueron utilizadas previamente en países como Nueva Zelanda, Singapur, Corea del Sur, Taiwan o Hong Kong. No existe una solución paraguaya para los problemas,  de la misma manera que no existe un método científico paraguayo de hacer ciencia.

Sólo la mediocridad y una visión pueblerina puede llevarnos a confundir el éxito circunstancial que hasta ahora mantenemos, con la soberbia de creer que podemos hoy -al decir de algún nativo del pensamiento nacional-  encontrar soluciones paraguayas a todos los problemas que tengamos. Adecuar no es lo mismo que crear.

¿Será que es esa forma de pensar -al mismo tiempo tan cerrada y tan arrogante- la que no nos permite avanzar y desarrollar soluciones a las terribles deficiencias que existen en el funcionamiento del Estado?

Entre la creencia y la razón hay mucha ciencia. Y es en la convivencia social, escolar y universitaria  que encontraremos los límites de cada una sobre todo si confiamos en propuestas democráticas y no autoritarias.

En una sociedad educada no se debe fomentar el miedo o el terror a la incertidumbre. Hoy en día la ciencia cuenta con herramientas válidas para acelerar respuestas.


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