Turbulencias en la cadena de la carne

La fórmula se repite hasta el infinito. Problemas que permanecían enmascarados salen a la superficie por imperio de la pandemia que retira el velo y expone todos los componentes a la luz.

Un viejo dilema emerge nuevamente: dónde se originan los precios de la carne. Y como siempre, ganaderos, intermediarios, frigoríficos y “retailers” se pasan unos a otros la pelota. Esto no hace sino revelar la complejidad de un negocio que, en términos generales, se explica por la vía del mercado: 30% consumo interno y 70% exportación. Ambos segmentos han sido impactados fuertemente por el coronavirus que ha deprimido el mercado interno y condicionado fuertemente el de exportación.

Según registros del Banco Central del Paraguay, el primer trimestre de 2019 la exportación de carne congelada fue de 58.490 toneladas por valor de US$ 230.504.000 mientras que en igual periodo de 2020 las cifras fueron, respectivamente, 62.198 toneladas y un valor de US$ 269.765.000. Es decir, un incremento del 7% y el 17% en volumen y valor.

Senacsa, mientras tanto, registró un incremento equivalente incluyendo el mes de abril y cerrando el primer cuatrimestre de 2020 con un incremento del 10,7 por ciento en el valor total de las exportaciones.

Sin embargo, los precios siguen prácticamente sin variación en las góndolas mientras la polémica estalla a nivel de productores muchos que hablan de una caída en los precios de la hacienda para faena mientras los precios de exportación casi no han sufrido caída alguna.

Como siempre ocurre, el ajedrez jugado por los distintos actores de la cadena de la carne aclara poco. La sequía que genera sobreoferta de ganado no alcanza para explicar precios bajos en el campo y firmes en la industria y el retail.

Seguimos a oscuras, como siempre.


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