¡Buen viaje!

Stephanie Hoeckle
Directora de Oui Oui
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Estuve mirando con cierta nostalgia las fotos que he acumulado de algunos viajes recientes. Quienes me conocen saben cuánto disfruto de recorrer países y culturas. Viajar amplía mi perspectiva del mundo, aprendo mucho observando vidrieras, acudiendo a museos, escudriñando lugares que no siempre son los preferidos por los demás turistas, probando la gastronomía local o simplemente caminando por las calles de una ciudad.

Las circunstancias generadas hoy por la pandemia de la COVID-19 me han obligado a postergar los planes de viajar. Tengo las valijas guardadas en un ropero y no sé por cuántos meses permanecerán allí. Pese a que algunos países europeos comienzan a abrir sus fronteras y se preparan para el regreso de los turistas vecinos, primero, y de los más lejanos, después, es claro que pasará tiempo hasta que nos sintamos seguros de hacer un tour de placer.

Pero como siempre hay aventureros dispuestos a ir cada vez más lejos, mi propuesta es hacer un viaje interior, sin movernos de casa. Es un trayecto desafiante que hice ni bien se estableció la cuarentena en nuestro país y les aseguro que vale la pena, sobre todo en estos tiempos de incertidumbre y de muchos cambios de planes.

No nos preocupemos por la ropa que hay que llevar, ni por tener el pasaporte al día o el suficiente dinero. Este viaje es gratuito, tan solo se precisa de un momento a solas, probablemente de varios días, y tomar algunas notas en una libreta o en el celular.

El destino

Para empezar, es necesario saber a qué destino o destinos queremos llegar, que en esta aventura imaginaria puede traducirse en las metas que queremos alcanzar a corto, mediano o largo plazo, o los proyectos profesionales que estamos dispuestas a emprender tan pronto como las circunstancias sanitarias lo permitan.

Se recomienda no hacer una lista demasiado larga y, a la vez, clasificar las metas que se han anotado haciendo estas preguntas: ¿Qué importancia tiene esto para mí? ¿Qué importancia tendrá en uno, tres o seis meses? ¿Cuál de estas metas es tan importante como urgente? ¿Cuál es importante, pero no urgente? ¿Hay metas que me había fijado, pero que en marzo pasado dejaron de ser importantes? ¿Alguna está siendo afectada por la crisis del coronavirus? Esta primera reflexión nos permitirá saber qué tiene alta prioridad y ayudará a organizar mejor nuestra vida personal o laboral.

Si algo bueno se puede sacar de esta experiencia absolutamente extraordinaria es que nos ha permitido ver con mayor claridad cuáles son las cosas que valoramos en la vida y, sobre todo, cuáles son nuestros verdaderos afectos, por quiénes queremos seguir siendo saludables o con quiénes somos capaces de luchar y emprender nuevos desafíos.

El programa

Cuando consultamos a las agencias de viajes sobre una excursión, suelen enviarnos un atractivo programa con actividades para cada día. En nuestro recorrido interior es el momento de planificar cómo vamos a llegar a los objetivos propuestos considerando ahora el nuevo escenario que nos toca vivir. Por ejemplo, si la meta es acceder a una beca de estudios en el exterior, precisaremos aprobar un examen de suficiencia idiomática si la lengua es extranjera y cumplir con ciertos requisitos académicos. Pero ahora también hay que averiguar si la crisis de la COVID-19 ha obligado al país receptor o a la casa de estudios a hacer modificaciones en sus protocolos (restricciones de presencialidad, cancelaciones de programas, nuevas reglas de migración, etcétera). Nuestra manera de trabajar, de relacionarnos, manifestarnos y tantas otras cosas más han cambiado con la pandemia, por lo que es probable que nuestras estrategias para alcanzar ciertos retos necesiten modificarse. O bien, habrá que postergar algunos objetivos, que no es lo mismo que cancelarlos.

Las expectativas

Cuando compramos un paquete turístico pagamos por un servicio completo: pasajes aéreos, traslados al hotel, alojamiento, city tour, seguro del viajero, fast passes y todos esos detalles que prometen unas vacaciones absolutamente libres de estrés. Pero, claro, uno a veces se hace expectativas que no se cumplen. Por ejemplo, las fantásticas fotos que vimos en la página web del hotel son para darle un premio al fotógrafo que hizo maravillas con la cámara en una habitación sumamente pequeña, pero para nosotros, sin duda, resultan una decepción. Un retraso de la compañía aérea puede hacernos perder la conexión y preciadas horas de nuestras vacaciones…

Los imprevistos están a la orden del día (prueben a echar un vistazo a las fotos de Año Nuevo, el discurso de fin de año de la empresa y la lista de propósitos que para el 2020 publicaron en sus redes o anotaron en sus recién estrenadas agendas). Lo mismo puede pasar en el viaje hacia nuestro interior. A veces es necesario bajar las expectativas, y siempre es preciso estar dispuestas a ser flexibles con los planes y mantener la mente abierta a las oportunidades de aprendizaje que trae una nueva experiencia.


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