Fatal inelasticidad del Estado

Lo que se viene denunciando desde hace años está poniendo en evidencia la pesadez del paquidermo estatal para reaccionar ante una emergencia. Su inelasticidad se lo impide. Dejamos a un lado el trabajo del ala sanitaria frente a la emergencia del coronavirus, que se está realizando con eficiencia aunque a costa de un enorme endeudamiento, por otro lado inevitable, dadas las circunstancias bajo las cuales nos cayó la pandemia.

Nos referimos es a la incapacidad del Estado de re direccionar recursos ordinarios porque éstos son consumidos por una planta permanente en gran parte sobre pagada. El Estado paraguayo no tiene capacidad de ahorro, sólo de endeudamiento. La figura del superávit fiscal desapareció hace tiempo, si es que en algún momento la hubo.

Lo indignante es que si la clase política no hubiera fiesteado a lo bruto con el dinero público, otras hubieran sido las condiciones. En diez años (2009-2019) la recaudación fiscal se incrementó un 270%, a razón de un 27% anual, pasando de Gs. 9,1 billones en 2009 a Gs. 23,5 billones en 2019.

En el mismo período, el PIB se duplicó pasando de US$ 18.000 millones en 2009 a US$ 37.000 millones el año pasado. La mayor recaudación no se produjo con gran sacrificio de la base imponible ya que la presión fiscal pasó de 8,2 % sobre el PIB en 2009 a 9,9% en 2020.

Habiendo aumentado en forma tan dramática los ingresos, ¿por qué la plata sigue sin alcanzar y, antes de la pandemia, ya se hablaba de perforar el límite de responsabilidad fiscal del 1,5%? La respuesta no tiene premio porque todo el mundo la sabe: tenemos una clase política enviciada con el gasto, que ha tomado al Estado por asalto convirtiéndolo en una financiera personal y en una agencia de empleos.

Somos buenos juntando pero pésimos gastando. ¿Hasta cuándo?


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