Aceptar no siempre es igual a gustar

Por Mariela Báez
Asesora de iagen
Coach
ontológico

Carl Jung, médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, refería que “lo que resistes, persiste; lo que aceptas, te transforma”.

Las emociones, cuando son adaptativas y coherentes con la situación que estamos viviendo, son muy necesarias y de alguna manera hasta nos ayudan a sobrevivir.

Por ejemplo, el miedo nos lleva a estar alertas, la tristeza nos sirve para recuperar el equilibrio tras una pérdida e informar a los demás de que nos encontramos mal y que los necesitamos.

El hecho de sentirnos bien o mal en la mayoría de las veces viene determinado por nuestra manera de enfocar y de la lectura que le damos a los acontecimientos. Hay una frase de Buda que es muy conocida y siempre la consideré muy poderosa: “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”.

Podemos decidir cuánto y cómo queremos sufrir, y para ello, una de las máximas es interiorizar que el mundo es incierto, que no siempre es justo, que tenemos control sobre muy poco y que eso colorea el juego de estar vivos.

Insisto en que las emociones importan y mucho, pero también es necesario ejercer un control sobre ellas. Es importante identificar el límite y saber que traspasando ese límite esas emociones pasan a ser inútiles para seguir invirtiendo tiempo y energía en ellas.

Nuestra actualidad mundial no los demuestra todos los días, creo que casi todos de alguna manera este año tuvimos que matar a un mundo, para crear otro, completamente nuevo y adaptarnos a él, nos guste o no. Así más o menos funciona el entrenamiento de aceptación.

Siempre fui de la teoría de que no debemos conformarnos si algo no nos gusta, que había que  intentar cambiarlo. Qué si queremos tener algo muy preciado para nosotros, tenemos que ir en busca hasta conseguirlo y disfrutarlo.

Por lo tanto, no hablo de conformismo. Si quiero algo, sé que tengo que ir por ello y pasarlo bien en trayecto del intento y asumir el riesgo de que  por mucho que me entregue puede ocurrir que al final me salga mal, por factores que no están bajo mi control.

Hoy, toca aceptar un nuevo estilo de vida por la pandemia, pero todos los días nos ocurren eventos menores, y decidimos aceptar o resistir, luchar e intoxicarnos o asumirlos, porque de lo contrario pueden acabar rompiendo en mil pedazos nuestra estabilidad y bienestar emocional.

Por lo tanto, es muy importante poner atención a nuestras conversaciones y tener mucho coraje para reconocer: ESTO NO ME GUSTA, pero lo acepto y logro convivir con eso sin que afecte mucho mi día a día, mi estabilidad mental y emocional.

Aprender a aceptar es una de las puertas de salida, en el que a menudo nos vemos encerrados. Y como lo escribió y lo canta el bello Jorge Drexler: “Todo se transforma”


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