Algodón, el gran ausente en la economía

La agricultura ha dado importantes pasos evolutivos en los últimos 30 años. La entrada a la agricultura sustentable con biotecnología y buenas prácticas ha permitido ampliar los márgenes de productividad en rubros tanto tradicionales como nuevos.

Sería imposible concebir hoy cultivos como el maíz, el trigo, la soja, el sésamo y hasta el autóctono ka á he é sin la incorporación de las nuevas técnicas de cultivo, sanidad vegetal y recolección mecanizada de la producción.

El único ausente en este panorama es el algodón, que supo ser en su tiempo un rubro central en el sector primario de la economía. El año 1990 marca un pico histórico en su cultivo y comercialización. Ese año, el país produjo 232.000 toneladas de la fibra, altamente competitiva en los mercados internacionales. El valor de lo exportado fue de US$ 333 millones.

Poniendo en contexto estas cifras, el algodón significó ese año el 19% del valor de las exportaciones, dejando atrás a la soja con US$ 272 millones y la carne, US$ 132 millones. De ahí en más, el que algunos gustan llamar “oro blanco” empezó un declive implacable mientras sus dos directos competidores cobraban vuelo y lo dejaban muy atrás.

Las razones de esta decadencia y cuasi desaparición son muchas. Pero quizá la principal sea la necesidad de migrar hacia el modelo de mecanización, incorporando semillas OGM (genéticamente modificadas). En Brasil este modelo ya lo practica el 94% de las fincas algodoneras, con entre un 12 y un 20% de incremento en la rentabilidad del cultivo. EL año pasado Brasil exportó US$ 1.260 millones en fibra de algodón, el 11% de sus exportaciones totales.

¿Valdría o no la pena intentarlo de nuevo? Tierra, sol, agua y trabajo disponible hay. Solo hay que renovar el método. Algunos ya empezaron.


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