AMLO viaja en clase económica a EE.UU. para reunirse con Trump

Bloomberg

Andrés Manuel Lopez Obrador escribió un libro llamado “Oye, Trump” antes de convertirse en presidente de México y prometer hacer frente al líder de Estados Unidos. Sin embargo, ahora se prepara para asumir la mayor apuesta de su presidencia de 19 meses al coquetear con su contraparte en un momento delicado.

El presidente, de 66 años, viaja a Washington el martes para visitar al presidente Donald Trump pese a críticas internas en México y en contra del consejo de algunos de sus principales asesores, a quienes preocupa cómo sea percibida una visita a la Casa Blanca cuatro meses antes de las elecciones generales de EE.UU.

La decisión de viajar ahora, en medio de una pandemia desenfrenada, es aún más notable dada la renuencia histórica de López Obrador a abandonar el país: es su primer viaje al extranjero en tres años. Fiel a su imagen de ‘hombre del pueblo’, viaja en clase económica y hace escala en Atlanta debido a la escasez de vuelos comerciales directos entre Ciudad de México y Washington.

Esta arriesgada apuesta está impulsada por la convicción de López Obrador de que, sobre todo, necesita salvaguardar la relación comercial con EE.UU., de más de US$600.000 millones el año pasado, y evitar enfrentamientos con Trump, incluso si su contraparte sigue vilipendiado al sur de la frontera por haber tildado a los mexicanos de criminales y violadores y presionado la construcción de un muro.

El aspecto comercial y de inversión de la relación es clave para López Obrador, especialmente ahora que el país latinoamericano enfrenta su recesión más profunda en casi un siglo.

AMLO comentó a periodistas que era una reunión muy beneficiosa y que será muy importante alentar la integración económica, en Ciudad de México el martes antes de iniciar el viaje y maniobrando para evitar responder preguntas sobre los asuntos bilaterales más espinosos, como el muro de Trump.

Aun así, es un riesgo que AMLO no haya programado reuniones con la oposición en EE.UU. ya que podría percibirse que está tomando partido en la campaña, donde Trump está rezagado ante el demócrata Joe Biden en la mayoría de las encuestas.

Si bien la reunión se promocionó como una celebración del nuevo tratado de libre comercio de Norteamérica, Justin Trudeau, de Canadá, el otro jefe de Gobierno que representa el bloque, se excusó de asistir, lo que amplifica la presencia de AMLO.

Sin embargo, ninguna de estas preocupaciones eclipsa el objetivo principal de AMLO: acercarse a Trump al enfocarse en las áreas en las que están de acuerdo e ignorar aquellas en las que no, según una persona familiarizada con sus deliberaciones internas, que pidió no ser nombrada.

AMLO dijo públicamente que la visita por poco más de 24 horas no está relacionada con las elecciones estadounidenses. Sin embargo, en privado, algunos de los principales asesores del presidente han argumentado en contra de viajar a Washington en este momento para evitar posibles reacciones violentas, una opinión que fue obviada por López Obrador, según personas familiarizadas con la planificación, que también pidieron no ser identificadas.

El viaje es apoyado por 59% de los mexicanos según un nuevo sondeo, aunque 70% tenga una opinión negativa de Trump.

Disidencia interna

El portavoz de López Obrador, Jesús Ramírez, dijo que si había alguna diferencia de opinión sobre el viaje dentro de la administración, se había resuelto mediante el diálogo. El gabinete ha brindado todo su apoyo al presidente, independientemente de las opiniones individuales, dijo.

Indicó que no hay unanimidad, pero sí unanimidad institucional. También que el derecho a expresar una opinión está garantizado en este Gobierno. Pero la obligación de cerrar rangos como Estado y Gobierno en torno a cuestiones políticas e internacionales también es una realidad, concluyó.

Ramírez dijo que no hay ningún tema que no se pueda tratar durante la reunión bilateral, que tendrá lugar el miércoles. Pero dijo que AMLO no planea discutir el sector energético con Trump, un tema controvertido después de que compañías privadas criticaran a México por cambiar las reglas existentes.

AMLO ha buscado una asociación con Trump desde el comienzo de su administración, enfocándose en construir una alianza inesperada con una contraparte a la que una vez acusó de usar una retórica anti-México similar a la denigración observada en la Alemania de Adolf Hitler. Y además de un breve enfrentamiento sobre los inmigrantes de Centroamérica, la estrategia por ahora ha mantenido a AMLO en gracia con el presidente de EE.UU.

Es un claro contraste con su predecesor, Enrique Peña Nieto, quien frecuentemente se enfrentaba con Trump por el muro, un tema que el actual Gobierno mexicano ha evitado asiduamente. La invitación de Peña Nieto para que Trump visitara México en 2016 terminó en una vergüenza histórica, un resultado que las autoridades mexicanas tratarán de evitar a toda costa esta vez.

La afinidad de Trump hacia el líder mexicano se explica en parte por la reputación de AMLO como un extraño que alteró el establecimiento político, con lo que el presidente de EE.UU. se identifica.

Si bien la relación entre los dos líderes es difícil de entender para algunos, comparten similitudes sorprendentes, dice Sergio Sarmiento, uno de los principales columnistas de México: ambos son populistas que quieren Gobiernos intervencionistas, con frecuencia controlan el sector privado y no toleran la crítica de los medios, dijo.

Evitar aranceles

La estrategia no confrontacional de AMLO con el principal socio comercial de México se consolidó hace un año cuando Trump exigió que el país hiciera más para detener el creciente número de migrantes de Centroamérica. Durante una semana, Trump mantuvo la amenaza de imponer aranceles de 5% a productos mexicanos si la nación no actuaba.

Los asesores de AMLO se dividieron entre los que sugirieron una posición dura y los que pidieron moderación, dijo una de las personas familiarizadas con la situación.

El enfoque amistoso prevaleció y AMLO pagó el precio político de desplegar la guardia nacional para detener a migrantes, una decisión que fue criticada por miembros prominentes de su propio partido político.

Desde el acuerdo, el número de inmigrantes indocumentados detenidos en la frontera, un indicador de cruces ilegales, ha disminuido en más de 80% y México también ha aceptado a unos 60.000 inmigrantes de EE.UU. mientras esperan sus procesos de asilo.


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