El lujo de soñar

Stephanie Hoeckle
Directora de Oui Oui
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Querido sueño:

Dicen que este es tu momento. Junto con la limpieza extrema, considerada el nuevo lujo en plena pandemia, has logrado posicionarte como una de las experiencias más buscadas por las personas, a tal punto que lograste desplazar al tiempo en el ranking de los nuevos lujos.

La Organización Mundial de la Salud estima que el 40 % de la población de este planeta duerme mal, es decir, casi la mitad de los humanos anhelamos cumplir cada noche con ese simple acto de dormir (aunque a veces parezca un evento de gran envergadura) y de hacerlo bien, logrando un descanso reparador. Dar vueltas y vueltas en la cama sin que aparezcas resulta desesperante. Son horas de vigilia que parecen una eternidad y cuyas consecuencias pueden ir más allá de sentirnos cansados al día siguiente. La culpa no es tuya, es nuestro estilo de vida marcado por el estrés y la ansiedad.

En tu calidad de objeto de deseo, el mercado ha dado origen a un floreciente negocio. Los tradicionales tés de tilo o de valeriana que preparaban las abuelas compiten hoy con decenas de novedosos productos. Las aplicaciones digitales con sonidos relajantes o ruido blanco (sonido constante que aísla el ruido del ambiente y da la sensación de estar en silencio) se multiplican junto a aquellas que enseñan a respirar o calculan el ciclo y la calidad del sueño.

En el rubro confort, continúan las innovaciones gracias al desarrollo de la tecnología. Recientemente se lanzó una línea de colchones que controla la temperatura corporal, para que ninguna variación de temperatura te aleje de la cama. Además, hay mantas especiales, almohadas terapéuticas de diferentes grosores y variados rellenos (hasta de flores de lavanda orgánica), ropa de dormir del más puro algodón, aceites con aromas, mascarillas relajantes, pastillas, podcasts con historias para dormir y otros artilugios que buscan arrullar nuestro descanso.

Médicos y psicólogos te estudian con detenimiento. Ya han descubierto más de 70 trastornos relacionados contigo (o con tu ausencia) y prometen encontrarte en clínicas del sueño o con otros tipos de tratamientos. La terapia cognitiva conductual es una de las más recomendadas para reemplazar los pensamientos y las conductas que provocan insomnio por hábitos que fomentan el sueño profundo.

Confieso que de joven no era consciente de tu importancia, ejercía esa resistencia natural a dormir tan propia de la edad. Hoy la falta de rutina debido a la cuarentena y las pantallas siempre encendidas han empeorado la situación de niños y adolescentes, que duermen menos o cuyos ciclos de sueño se alteran (duermen de día, están despiertos por la noche). Los padres, por lo general, nos preocupamos porque nuestros hijos duerman lo suficiente cuando son pequeños, pero nos relajamos a medida que crecen, olvidando que las hormonas del crecimiento se liberan durante la fase del sueño profundo. También olvidamos que el cerebro está en proceso de formación hasta los 21 años y que buena parte de esa formación se realiza durante el descanso.

No tenerte con nosotros al menos siete horas cada noche influye en nuestro humor, concentración, defensas, energía y hasta en el apetito, dado que las hormonas se regulan durante el sueño y el descontrol nos lleva a tener más hambre. Los estudios vinculan tu falta, además, con el Alzheimer, la hipertensión, la depresión y la diabetes.

El sueño se ve alterado con la edad. He aprendido que la única manera de retenerte es entrenando el cuerpo y sobre todo la mente para que la acción de dormir, tan natural en los seres vivos, continúe de esa manera. Como te has vuelto un producto muy valioso que no se puede comprar, conquistarte exige poner esfuerzo de nuestra parte: evitar las comidas pesadas, el alcohol o el café, acostarse siempre a la misma hora, hacer ejercicio regularmente, darse un baño relajante antes de ir a la cama… es decir, poner en práctica estrategias personales.

En mi caso, busco permanecer en calma y seguir una rutina, ¡todo lo contrario a improvisar! Dejo el celular lejos de la cama para evitar la tentación de revisarlo y descarto otras distracciones como ver televisión o leer, que a mí particularmente me quitan el sueño. La meditación me ha traído recompensas, pues me ayuda a liberar tensiones. Un último apunte: desde hace un tiempo tengo en la mesa de luz una agendita para descargar mi mente cuando estoy preocupada. Dejar ese registro tiene un efecto liberador y me ha dado la tranquilidad de que al día siguiente me haré cargo de lo que me aqueja. En suma, aprendí a no perder horas importantes de mi vida y a darme el lujo de contar contigo cada noche. Ya lo dijo Antoine de Saint-Exupéry en El Principito: “Haz de tu vida un sueño y de tu sueño una realidad”.


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